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Blog de Roche d'Or

Blog de Roche d'Or

Comunidad de la Roche d'Or en Besançon y Fontanilles

Publicado en por Danièle Valès

El olor de las manzanas me acogió al cruzar la puerta de la zona de preparación de verduras, con mi cubo de basura en la mano, deseosa de llevarlo al local de la basura y unirme sin tardar a uno de esos desayunos dominicales que Jean-Jacques sabe prepararnos con tanto amor y delicadeza. Esos famosos desayunos sin horario, los escasos domingos sin tener que acoger, en los que cada uno puede descansar. Pues bien, él, a primera hora de la mañana, salió a comprar bollería para que nos sintiéramos un poco como de vacaciones.

El olor de las manzanas me envolvió de repente, como cuando agarras a alguien por el brazo, como cuando atrapas a alguien por el corazón. El olor de las manzanas es como una música, es como un susurro... A la luz de la mañana, Henriette las estaba pelando. Cuando vuelva, me dirá con una sonrisa: “Tenemos tarta de manzana para este mediodía”. Henriette y el olor a manzana combinan muy bien. Al igual que Jean-Jacques y el olor cálido de esos bollos que va a comprar temprano por la mañana a la panadería, mientras todos descansan...

Creo que el olor de las manzanas tiene algo que ver con lo que sucedió después, cuando crucé la puerta y me detuve frente al local de la basura. Su puerta entreabierta dejaba ver una pila de cajas bien apiladas. El aire era fresco, la luz suave. Sin prisas, dejo que mi mirada acaricie la bandeja de plantas aromáticas que crecen delante, la manguera bien enrollada, todas esas cosas escondidas delante de la cocina. Todas esas cosas, lo invisible cotidiano, ordenadas y cuidadas, día tras día. Este momento de contemplación, con mi bolsa de basura en la mano, tiene algo de incongruente, es cierto.

Entro en el local, buscando el contenedor adecuado donde depositar mi bolsa negra. Se dice que algo de la hominización avanzó cuando el hombre o la mujer decidieron que no debían dejar sus residuos alimenticios en la cueva, sino que debían sacarlos para ponerlos en otro lugar.

Mi mirada recorre este espacio impecablemente ordenado. En una esquina, el gran contenedor de cartones apilados cuidadosamente doblados, la alineación de los cubos negros que acogen nuestras bolsas negras y donde deposito con gratitud la mía. En otra esquina, hay otros contenedores pequeños bien etiquetados con “sólo vidrio y cerámica rota” y, para evitar cualquier error, junto a ellos, la caja de botellas vacías bien alineadas garantiza que se entienda bien el mensaje. Sí, todo está pensado para que cada uno sepa dónde depositar lo que viene a dejar a este lugar definitivo.

Entonces, me invade una extraña emoción. Me viene a la mente el rostro de Didier, ese compañero tan discreto que, con paciencia, nos enseñó a clasificar, a cuidar, a vivir de forma responsable esta etapa de nuestra vida juntos. También me viene a la mente la larga fidelidad de Rodlain, y antes que él, la de Pandi, y siempre la de André, Jean-Jacques y tantos otros... Esta mañana, mientras esta experiencia sigue perfumando mi alma, comprendo mejor el reto y la luz de la vida mística que me visita de improviso.

Me vienen a la mente, desordenadamente, las cajas, las bolsas negras, los vasos, me vienen a la mente los cajones de compost donde acaban los residuos de la cocina y del mantenimiento del parque, me viene a la mente el fondo del gran garaje y su increíble organización. Hice un pequeño vídeo, Bernard, a mi lado, me decía frente al contenedor “metales”: “Los clasifico y recojo lo que se puede vender” ... Oh, sí, un pequeño vídeo que nos contaría el destino de cada cosa.

No me atreví a escribir “residuo” porque ahora siento que se trata más bien del último acompañamiento de todos esos dones recibidos para nuestra vida, nuestro confort, nuestro bienestar. Cuidarlos es saludar su compañía, es dar las gracias por el don recibido, es ejercer la gratitud fraternal, la de los dones del Espíritu Santo, la de la vida mística. ¿Acaso el Creador-creando estaría menos presente en el local de la basura que en la cocina, el jardín, la secretaría o el taller eléctrico?

Aquí termino mi meditación matutina y me inclino ante este trabajo invisible sin el cual faltaría algo en la música de la palabra anunciada en nuestras casas.

 

La Roche d’Or, 8 de septiembre de 2025
Danièle Valès



Traducción del francés al español:  Beatriz Simó y Pilar Sauquet

 

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