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Hay que partir de la premisa de que todas las criaturas son mediaciones de Dios, de una forma u otra. Sabemos que los gustos y los colores no se discuten, decimos: “Me gusta, no me gusta, es horrible, es bonito, es espléndido”, etc. Es algo subjetivo, porque incluso en “Saint Sulpice”, incluso las obras que no tienen derecho de entrada en un museo, poseen, ya que nacen del hombre, la expresión de una interioridad, la expresión de una vibración profunda, allí donde Dios las crea. Que sean expresadas magníficamente, tal el esplendor de Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Rafael o de otros, de acuerdo, pero hay que ser honesto con respecto a toda mediación, porque hay mediaciones muy logradas.
Creo que es la primera cosa a tener en cuenta frente a las obras de arte: por un lado, ser crítico y, por otro, ser muy moderado para saber apreciar el esfuerzo auténtico de precisión y simpatía. Algunos dirán que estas vidrieras de la cripta no son una obra maestra... En primer lugar, habría que decirles a esas personas: “Muy bien, haced lo mismo. A ver de lo que sois capaces”.
En segundo lugar, hay que saber que aquí, el artista Paul Décrind es un hombre sincero, un poeta a su manera, que se encontró por primera vez en su vida, ante un encargo que le desconcertaba. Le pedí un arco iris horizontal... “¿Qué me estás pidiendo? Un arco iris no es horizontal, ¡no!”. Entonces, le expliqué lo que yo sentía y que era incapaz de proyectar, de realizar: el arco iris de la Historia. Se trataría de comenzar, como un signo abstracto, la Historia del mundo y luego su desarrollo hasta su final, expresado de forma resumida y concentrada en la historia de Israel, porque, en efecto, la historia de Israel es una miniatura que representa la evolución total del cosmos. Se ha reducido, concentrado en Israel, desde el principio hasta la resurrección de Cristo y Pentecostés, la totalidad de la historia. Ha de ser algo condensado, algo concentrado.
Entonces, mi pobre Paul Décrind, imaginaos en qué situación se encontraba con todo esto. Nunca había tenido un trozo de vidrio de esta manera. Fui yo quien le dijo: “Tendrían que ser cascos de vidrio”. Así que fuimos a no sé dónde del centro de Francia. Allí había una fábrica. Fuimos con el R5 y trajimos cajas de vidrio. Cogimos toda clase de cristales. Después, teníamos como tubos de colores y, amigo mío, apáñatelas con todo esto. Había que hacer cemento, organizar, era una creación. Es un pobre quien se puso a trabajar e intentó reaccionar, probar y ahí tenéis sus dos tentativas bajo las arcadas. Son las dos primeras cosas que hicimos juntos.
Yo estaba con él todo el rato, al menos para esas dos cosas, porque nunca había trabajado con vidrio y cemento, cemento y vidrio. Así que soñaba, se dejaba llevar y yo lo sabía, lo sé, me lo repitió muchas veces: era un hombre que se había alejado de la Iglesia, pero era un hombre que rezaba, que rezaba sin palabras, es decir, que sabía que estaba habitado por Dios. Por cierto, en sus cuadros siempre se ve a gente alrededor de una hoguera. Hay gitanos, y si los miramos bien, no están rígidos, sino interiorizados, profundos. Ese es él. Su oración era ir a su propia fuente. Luego dejaba que las cosas sucedieran y así, poco a poco, surgió su obra.
Le expliqué un poco lo que significaba un arco iris horizontal: el acto de la creación, el paraíso terrenal, el bullicio del pecado y después, la caída en las tinieblas. Él tradujo todo esto a su manera. No fui yo quien le indicó los colores. Pero lo recordé, y mirad, después del comienzo de la esperanza de Israel, la iluminación es cada vez más radiante la que domina.
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Todo esto lo encontró él para llegar a Cristo, y en el final de la vida de Cristo, tenéis el Calvario, tenéis esa aparición de María al pie de la cruz. Las tres cruces, se las ve bien. No hay sólo dos. Hay tres. Había que hacerlo. Quizás eso sea lo más bello desde el punto de vista artístico: las cruces están entrelazadas. Y María junto a la cruz; es una cruz que forma un todo con la cruz de Jesús, mirad, ahí a la izquierda.
Luego, tenéis la Trinidad que aparece en la crucifixión de Jesús. Esas tres masas rojas que hay ahí, las hizo como pudo, pero “quien me ve a mí, ve al Padre”. Si hay un momento en la vida de Jesús en el que se descubre la Trinidad, es cuando Cristo está solo en la cruz. “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”, el impulso del Hijo hacia el Padre: y aparece la Trinidad. Estas tres intensidades que se acercan son su forma de representar la Trinidad. Esto también está muy logrado. Tiene su miga. Aquí hay una sugerencia, pero corresponde a alguien que no es sólo un colorista, ni simplemente un artista, sino ante todo un poeta y un místico, y eso es lo bueno.
Después viene la Resurrección, la victoria de la luz sobre la cruz llevada a la eternidad, y finalmente la caída. Aquí también hay una obra maestra. Representar Pentecostés en forma de un cuadrado de oro que se desmenuza para caer sobre el mundo. Hay un pequeño detalle: ha hecho su arco iris en horizontal, un resumen de la historia mística del mundo.
Así que ahí lo tenemos, tanto desde el punto de vista humano como desde el punto de vista de la inspiración, y hay que reconocerlo, el juego de movimientos en cada vidriera, no hecha de metal, sino de cemento vertido, bueno, es algo que llama la atención. Hay que mirarlas una por una y ver por qué aquí o allá hay vidrio roto, y allí no lo hay, y por qué. Tenía intenciones para todo.
Pasaba allí día y noche. Odile me repetía que su sobrina nieta, Sylvie, le llevaba la comida a media noche, por la mañana o por la tarde, porque ese hombre iba siempre a deshora, venía a comer a las cuatro de la tarde. Había algo genial en él, algo muy grande. Escuchadme bien, porque sería una pena que todo esto no lo conocieran, ni lo apreciaran los miembros de la comunidad, porque es un legado, ciertamente.
En cualquier caso, era la única forma de mantener la unidad de la cripta con la rudeza, digamos la brutalidad, en el sentido etimológico de la palabra, del conjunto de piedras y del conjunto de grandes vigas del techo, y ahí hay una unidad. Está bien.
Contemplad la tercera vidriera en la que la humanidad pierde la cabeza. Ved, todo está en todo. Hay cosas en paralelo en vertical y en horizontal, es prácticamente la única vidriera en la que no hay una forma bien equilibrada.
Mirad, al principio, el paraíso terrenal. Paul lo había encontrado. Hizo un cuadrado profundo, mientras que después hay dispersión, todos los colores, y después hay un reencuentro con Abraham. El cuadrado que está allí, en la cuarta vidriera, en azul oscuro, lo encontramos aquí en dorado. El principio y el final. Abarca cosas absolutamente auténticas, hay inspiración.
Y después vuelve a empezar con los profetas, etc. Se ilumina cada vez más y se va hacia el color oro y el rojo. Digamos que aquí tenemos a Juan Bautista o Isaías, y después tenemos la vida de Jesús, a menos que la vida de Jesús ya comience aquí. Belén, y luego sube a la montaña, y luego la manifestación final del Triduo Pascual...
Ahí está el arco iris en horizontal: un resumen de la historia religiosa del mundo.
Florin Callerand
25 de julio de 1995
Traducción del francés al español: Beatriz Simó y Pilar Sauquet
Viens, je te montrerai (Ap 21 et 22) (CD Tissage d'or n°3)
Para ver la letra en francés de la canción "Viens, je te montrerai"
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