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Blog de Roche d'Or

Blog de Roche d'Or

Comunidad de la Roche d'Or en Besançon y Fontanilles

Publicado en por Danièle Valès

“Cuando insistimos en decir que el ser humano es imagen de Dios, eso no debería llevarnos a olvidar que cada criatura tiene una función y ninguna es superflua. Todo el universo material es un lenguaje del amor de Dios, de su desmesurado cariño hacia nosotros. El suelo, el agua, las montañas, todo es caricia de Dios”. Laudato Si (84)

Este mensaje os llegará cuando se termina el tiempo en el que celebramos la Creación. (del 1 de septiembre al 4 de octubre)

Este año también celebramos el octavo centenario del “Cántico de las criaturas” de San Francisco de Asís. Es un año jubilar, el jubileo de la Iglesia, nuestro jubileo, el de nuestra pequeña comunidad de la Roche d'Or, con nuestros 75 años de gracia. Todo esto me rondaba por la cabeza mientras me disponía a escribir este mensaje, a la espera de que recibáis nuestra carta anual a finales de mes.

Estuve unos días de vacaciones a orillas del Mediterráneo, donde me paseé por unas playas magníficas, casi desiertas debido a la temporada. Embriagada de luz, de viento, de arena y de mar, escuché las olas que me hablaban, y me vino a la mente este pasaje de Laudato Si. Me parecía que las olas eran las caricias de Dios y que el mar me traía el susurro de Su ternura. De repente, recordé la visita del papa Francisco a Marsella, frente al mar, frente a los migrantes ahogados, y me pareció oír el dolor de las olas, un dolor inmenso. El mar lloraba... No lloraba sólo por lo que hemos dañado de su vida íntima, de sus habitantes, de su fauna, de su flora, de todo lo que hemos contaminado, sino, por algo más íntimo, oía sus lágrimas, el océano de lágrimas que no deja de derramar cuando llueven en ella los ahogados de la injusticia, del miedo, de la indiferencia, a los que llamamos migrantes. De pronto, me pareció que las olas acunaban a todos los hijos que ella acoge, uno por uno, para depositarlos delicadamente, ya sea en los fondos desconocidos de sus tierras secretas, ya sea en una de nuestras playas, aunque sólo sea para despertar un poco las conciencias. Sí, las caricias de las olas, las caricias de Dios están hechas de todo eso.

Sin embargo, “Semilla de paz y de esperanza” es el tema de este tiempo de oración por la protección de la creación, de toda la creación. En el fondo, tal vez sea el momento de preguntarnos sobre ese “Cántico de las criaturas” de san Francisco de Asís, que algunos, tal vez, todavía creen que fue escrito en una meditación campestre, con los pies en un arroyo... Oh, no, es el fruto de una lucha, es un canto de resurrección. El padre Eloi Leclerc sitúa admirablemente la redacción de este texto, dos años antes de la muerte de Francisco, y nos ayuda a comprender lo que está en juego.

“Desde su regreso de Oriente, Francisco padecía una conjuntivitis purulenta que empeoró repentinamente y le hizo perder prácticamente la vista. Le torturaban violentos dolores de cabeza y Clara lo instaló con sus compañeros en una pequeña casa contigua al monasterio de San Damián. Para proteger los ojos de Francisco del resplandor del día, ella acondicionó una alcoba con esteras de junco. Durante más de cincuenta días permaneció en esa pequeña habitación oscura, sin poder soportar durante el día el más mínimo rayo de sol ni, durante la noche el resplandor del fuego. Sus ojos le causaban tanto dolor que no podía descansar ni dormir...

Francisco, en la penumbra de su celda de juncos, meditaba estos pensamientos día y noche. Volvía a oír, en la lejanía del recuerdo, la llamada del Señor: “Francisco, ve y repara mi casa, que se está derrumbando”. A la luz de esta llamada, todo lo que había emprendido hasta ese día le parecía tan insignificante, tan ridículo, incluso un fracaso…

Sin embargo, una noche de insomnio y sufrimiento, Francisco estaba al límite de sus fuerzas y al borde del desánimo. Suplicaba a Dios que se apiadara de él. Entonces oyó una voz interior: “Francisco, alégrate como si ya estuvieras en mi reino...”. Y al mismo tiempo, una luz muy suave invadió su alma: la luz del reino muy cerca. Y esa luz le hacía ver todas las cosas nuevas. Era como una mañana de Pascua. El mundo entero, en ese instante, parecía tocado por la gloria de Dios. El Reino ya había comenzado aquí y ahora. Estar allí era una hermosura.

Ya no era tiempo de encerrarse en uno mismo, de lamentarse o de mirar atrás y soñar con otras cosas. Era el momento de celebrar y cantar. “Alégrate...”, eso era lo que el Señor esperaba de él ahora. Alegrarse con toda la creación. “Tu asunto es la alegría, la alegría de todas las cosas reunidas”. No había nada más importante para el futuro de la Iglesia y del mundo. Eso también era reparar la casa de Dios” (en “Le cantique de Frère Soleil. Le chant des sources» [El canto del hermano sol. El canto de las fuentes], de Eloi Leclerc, Éditions Franciscaines)

 

Sí, el Cántico de las criaturas es un canto de resurrección, de triunfo sobre la muerte, el anuncio profético de una victoria ya presente, en germen, en toda la Creación y para toda la creación. Hay algo que me conmueve especialmente; durante largas semanas Francisco sufrió enormemente a causa de “Messire sol”, cuyos rayos le quemaban dolorosamente los ojos y del que tenía que esconderse durante todo el día. Sin embargo, es la primera criatura a la que va a cantar, y con qué ternura. La situación de Francisco de Asís confiere a su Cántico de las criaturas una fuerza de fe y de resurrección que atraviesa los ocho siglos que han transcurrido desde que los escribió.

 

Nosotros, en pleno jubileo de la Iglesia, celebramos este mes de octubre nuestros 75 años de fundación. Compartimos con vosotros nuestra acción de gracias por la labor realizada a lo largo de estos años, en primer lugar, con el lanzamiento de un nuevo CD titulado: “Viens que je te parle à l'oreille” (Ven, te hablaré al oído), que recoge salmos, algunos inéditos a los que hemos puesto música. Estará disponible a partir del día de Todos los Santos en nuestra librería y, muy pronto, en las plataformas musicales en las que ya estamos presentes (Spotify, Deezer, Apple Music).

Además, en cada una de nuestras casas, un evento singular marcará este aniversario:

• En Fontanilles, Olivier predicará del 18 al 23 de octubre un retiro sobre las apariciones de Lourdes “El Evangelio de la Dicha, según María y Bernadette de Lourdes” Durante este retiro, junto con el escultor Alain Dumas, se instalará e inaugurará la estatua de Bernadette, frente a la gruta de la gran cascada. María y Bernadette no se sentirán desarraigadas al encontrarse al otro lado de los Pirineos. Por nuestra parte, nos alegramos de que este lugar de Fontanilles, que significa “pequeñas fuentes”, tenga por fin este símbolo que nos une a los orígenes de nuestra historia. De hecho, en el oratorio de la Roche d'Or podemos encontrar esta sorprendente foto en la que se superponen “accidentalmente” la foto de los cimientos de la cripta y la de la gruta de Lourdes con sus enfermos.

• En la Roche d'Or, el 1 de noviembre, nuestro arzobispo vendrá a celebrar, en medio del retiro, una misa de acción de gracias en la que nos alegrará acoger a todos aquellos que deseen participar. En la tarde del 1 de noviembre de 1950, Monseñor Dubourg, arzobispo de Besançon, se reunió con Florin Callerand en Gouille y lo confirmó en la gracia recibida de la Visitación de María, reconociendo en ella la gracia fundante de nuestra comunidad. El 1 de noviembre de 2025, a las 17 horas, el arzobispo de Besançon, monseñor Bouilleret, vendrá a celebrar nuestros 75 años de fundación y a dar gracias por la fidelidad de la Gracia de Dios, que siempre ha estado presente en nuestra historia.

A lo largo del año, junto con Florin Callerand, hemos visitado nuestra casa de la Roche d'Or. Después de compartir con vosotros en abril la historia de la Cruz de la Roche d'Or y su significado, y en agosto la del gran tapiz de la capilla, hoy nos alegra compartir con vosotros el relato y la interpretación que hace Florin de las vidrieras de la cripta. El artista que las realizó, Paul Décrind, pintor, del Franco Condado, es también amigo de la infancia de Florin, compañero inseparable de sus aventuras infantiles en su pueblo natal de Maîche.

Como podéis ver, Florin no se contentó con predicar, construir y plantar, sino que también quiso marcar los lugares con obras que nos hablan. La cruz de la Roche d'Or, el tapiz de la capilla y las vidrieras de la cripta son, como vemos, obras de diálogo, diálogo entre el artista y el que las contempla, diálogo entre la palabra y la materia, diálogo entre la confianza y el respeto...

Por último, la diminuta gota de agua del colibrí se cuela entre estos grandes encuentros y nos lleva a un paseo místico... al local de los contenedores de basura.

Gracias por vuestra fidelidad, seguimos juntos...

Danièle Valès

Traducción del francés al español:  Beatriz Simó y Pilar Sauquet

 

 

Las vidrieras de la cripta: un arco iris que describe la historia de la Salvación.

Hay que partir de la premisa de que todas las criaturas son mediaciones de Dios, de una forma u otra... incluso las obras que no tienen derecho de entrada en un museo, poseen, ya que nacen del hombre, la expresión de una interioridad, la expresión de una vibración profunda, allí donde Dios las crea. El artista Paul Décrind es un hombre sincero, un poeta a su manera, que se encontró por primera vez en su vida, ante un encargo que le desconcertaba. Le pedí un arco iris horizontal...[Leer más...]


 

La gota de agua del colibrí: Elogio de lo cotidiano en el local de los contenedores de la basura.

El olor de las manzanas me acogió al cruzar la puerta de la zona de preparación de verduras [Leer más...]