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Blog de Roche d'Or

Blog de Roche d'Or

Comunidad de la Roche d'Or en Besançon y Fontanilles

Publicado en por P. Florin Callerand
Etiquetado en : #cantos

El tapiz de la Roche d'Or es algo importante y lleno de significado, es una obra de arte de gran valor. Es obra del padre MOREL: Maurice MOREL, compatriota de Ornans, la tierra de Courbet, discípulo de Picasso y de Rouault, gran crítico de arte y artista de renombre.

Nos hicimos amigos en los años 1967-68, cuando se acababa de construir esta capilla de La Roche d'Or y le pedí que viniera a ponerle alma con una obra de arte. Por supuesto, Hizo un retiro y hablamos largo y tendido y prácticamente vivió en esa capilla durante casi tres semanas sin interrupción, soñando…, soñando entre estas piedras azules —extraídas de la cantera de Besançon— que tallaron aquí para construir la casa, bajo estas vigas de abeto y Douglas que fuimos a buscar a los aserraderos de la montaña del Doubs, hasta la frontera con Suiza... Esta piedra de Comblanchien, en Borgoña, que está ahí, en el suelo, con sus óxidos... En fin, algo natural y con aspecto de granero: un granero, sencillamente un granero para el heno, un poco como la granja de Bernadette en Bartrès. pero más grande Evidentemente, se necesita aire, para 200, 300 personas, eso es seguro... Entonces, se dejó llevar por la inspiración sobre los dos temas que le había pedido que combinara.

El primer tema fue el de la Zarza Ardiente, el tema inaugural de la gran revelación hecha a Moisés. En el Sinaí, Moisés ve una zarza en llamas que no se consume. Entonces, se siente muy interpelado por el acontecimiento. ¿Leyenda o no, visión interior o proyección...? Si vais al Sinaí en febrero, veréis a contraluz tantos arbustos en llamas como queráis: la luz del sol por la mañana o por la tarde, pasando a través de las retamas en flor, de los tamariscos en flor o de las acacias del desierto, ofrecen una irisación de luz, como si ardieran...
 

Es muy posible que Moisés se basara en este espectáculo que se puede ver en el desierto en determinadas épocas. Pero la visión mística, la revelación que hay en la zarza le intriga. Entonces se acerca, y cuanto más se acerca, más le invade el segundo don del Espíritu Santo que aún no conoce, que es el estremecimiento. Entonces siente que debe quitarse las sandalias, porque esa tierra es santa. No lo entiende... “¿Cómo es posible que una zarza arda sin consumirse?”. Normalmente, cuando una zarza se incendia —pensemos en los incendios forestales—, no tarda mucho en arder y pronto no queda más que un esqueleto calcinado o un montoncito de cenizas que cae al suelo... Pero ésta resiste al fuego. Cuanto más arde, más se intensifica el fuego, más la zarza conserva su verdor y su vitalidad.

Por eso Moisés comienza a reflexionar: “¿Man Ou Man Ou?”. ¿Qué es eso? ¿Qué es eso? De repente, encuentra la clave del famoso enigma: una voz proviene del interior de la zarza que arde sin consumirse: “Yo soy el que soy”. En realidad, es el futuro: “Iem asher Iem”: “Seré el que seré...”.

Entonces Moisés establece la conexión. La conexión es ésta —y muy pocos, muy pocos la comprenden, pero vosotros vais a comprenderla enseguida—: nunca se debería decir “la zarza ardiente”, es un contrasentido, se debería decir: “la zarza siempre verde”, porque la savia de esta zarza verde es el Eterno “Yo Soy”.

¿Qué ocurre entonces en la circunstancia histórica concreta? Lo que ocurre es, sencillamente, que Moisés tuvo que huir al desierto para escapar de la policía del faraón, porque había querido liberar a su pueblo, Israel, y que durante este tiempo —hacia cuarenta años que duraba— el pueblo de Israel estaba sufriendo un “genocidio” metódico. Los niños pequeños eran arrojados al Nilo, la explotación continuaba en los campos de concentración de fábricas de ladrillos para la construcción de Ramsés, Pitón, los enormes hangares de las ciudades del faraón, y el pueblo sometido trabajaba como esclavo... ¿Qué significa esto? Significa que el pueblo de Israel estaba amenazado con el holocausto, del genocidio, el primer genocidio de la historia. El fuego es el faraón que destruye, el fuego es el enemigo que ataca. La Zarza Reverdecida es Israel, que apaga el fuego, que impide que el fuego lo consuma porque su savia es Yahvé, el Dios vivo. Lo que os estoy explicando ahora es el comentario que todos los rabinos hacen y que escuchamos cuando hacemos ecumenismo con Israel.

Es también el comentario cristiano. Mirad a Jesús en la cruz. ¿Es atacado por el fuego? El fuego de los sumos sacerdotes, de los escribas y de los fariseos... “Veamos, ¿si Tú eres Hijo de Dios? ¡Demuéstralo! ¡Eh, soldado, déjalo, a ver si Elías viene a bajarlo de la cruz...!”. El fuego de Herodes, que lo trata de loco, y el fuego de Pilato, que se lava las manos: “Vamos a librar a la naturaleza y a la humanidad de un profeta como ese...”. El fuego se ensaña a su alrededor para destruir a Jesús y empujarlo a perder su naturaleza filial, a dejar de ser esa Zarza Reverdecida, fructífera de perdón, misericordia y amor; ¿será destruida su mentalidad filial y fraterna por el fuego agresivo?

¿Acaso Jesús, desde lo alto de la cruz, diría: “Banda de maleantes, ¿ya veréis la que os voy a dar? ¿Y entonces bajaría de la cruz y abatiría a los judíos y a los romanos, y los reduciría al polvo? ¡No, en serio! ¿Por quién tomáis a Dios?

No, Jesús sigue ardiendo en su verdor y sigue siendo el Hijo, no se quema, no se destruye, no se reduce a cenizas, no se endurece, no se convierte en carbón carbonizado, sigue siendo hasta el final el Hijo. Nada podrá destruirlo: Jesús triunfa sobre la muerte.

María, ¿“zarza ardiente”? ¡no! “Zarza Reverdecida” atacada por el fuego, participando con Jesús del mismo clamor de ternura, toda impregnada de la savia divina. María, en el Calvario, es aún más ella misma que cuando no sufría persecución y habitaba en Nazaret. La Iglesia conservará su verdosidad porque en ella habita “Yo soy”, el Creador, porque en ella está el Resucitado. “Yo soy”: la zarza reverdecida.

San Pablo dice: “Somos de su raza...” (Hch 17,28). Somos de la raza indestructible por la savia viva que hay en nosotros. Os digo cosas enormes: es el sentido objetivo, exegético, histórico, profundo y espiritual y, además, místico.

Una comparación: cuando hay un incendio, ¿qué hacéis? Os situáis… Se llama a los bomberos, y los bomberos, con sus chorros de agua, apagan el incendio. Oh, imaginaros que por fin tenéis un sistema de bomberos internos a los que no tenéis necesidad de llamar y que, desde dentro, con sus mangueras y sus reservas de agua, lanzan chorros de agua, mientras os ataca el fuego que os quiere devorar. Os aseguro que el fuego no podrá ganar. ¡Ah! Si tuviéramos una estación de bombeo dentro de todas las ciudades de la Costa Azul, y por todas las ventanas, por todas las tejas, manara agua... brotara. ¿Alguna vez habéis visto prender fuego a un manantial? Pues bien, ese es el formidable significado que nos da este capítulo 3º del Éxodo.

Entonces, soñamos con ello con el padre Morel. Le dije: “Mira, puedes combinar la visión del capítulo 3º del Éxodo, con María en la Asunción, la zarza reverdecida”. Y así fue como surgió esta obra maestra”. Es arte abstracto, pero podéis adivinar lo concreto que es por dentro.  

¿Qué veis? Veis una fiesta de la Victoria, veis una fiesta de la Resurrección, veis una fiesta de la Asunción. ¿Qué está pasando? ¿Dónde está el fuego? No hay fuego en este tapiz, está María ascendiendo, toda blanca e inmaculada, como una llama, o como un géiser que asciende y se expande, que se abre, que estalla mientras asciende y se propaga por todas partes. Y también podéis ver la danza de las Personas Divinas, dentro y con. Está lleno de azul, está lleno de rojo y está lleno de oro. El azul es el color del Padre, y está por todas partes en forma de manchas de todas las densidades, en forma de hilos de todas las densidades; el rojo es el color del Hijo en su supremo testimonio evangélico de revelación del amor, de todas las densidades, y danzando se encuentra por todas partes. Y tenéis oro. Oh, no oro llamativo, de nuevo rico, sino oro bruñido, antiguo, el oro bíblico. Tenéis hilos de oro, manchas oscuras y todo un entorno, es el Espíritu Santo...

María, tan llena de su Dios, que se ha eternizado con su cuerpo. Y ahí está María, la primera delante de nosotros. No se trata de alabarla a ella para despreciarnos a nosotros, sino de comprender. Atreveos a introducir eso ahora... iba a decir, en vuestros esquemas, ¿pensáis en ello? Todos y todas, estamos destinados a nuestra propia y personal Asunción.

 

Florin Callerand
Domingo, 1 de septiembre de 1985

 

Traducción del francés al español:  Beatriz Simó y Pilar Sauquet

Chantez pour le Seigneur (CD Tissage d'or n°3)