Este Jueves Santo, me conmovieron las reflexiones de dos personas de Kiev cuando compartieron con nosotros sus experiencias y sus deseos.
La primera dijo: “En tiempos de guerra, lo más difícil es mantener la propia humanidad”.
Y la segunda: “¡Dios mío! Salva a Ucrania del odio frente a los que nos desprecian”.
A través de estas pocas palabras, brillan unas hermosas cualidades del alma...
Al final de la tarde, al entrar en la capilla para permanecer cerca de Jesús, iba detrás de mí una persona ucraniana que vino a sentarse un rato en un banco al fondo de la capilla.
Como era la hora de cenar, se marchó rápidamente, pero una hora más tarde la vi volver y seguía mirando la capilla con gran respeto; se acercó a los iconos ortodoxos de María y Jesús, a los que besó largamente, y fue a sentarse en un banco frente a la presencia eucarística, visiblemente “sobrecogida” por la paz y la luz del atardecer... Luego se acercó al fondo de la capilla de pie, cerca de Jesús crucificado, al que contempló durante unos instantes antes de hacer una hermosa señal de la cruz a la manera ortodoxa y marcharse... para reunirse con los suyos.
Sentí a María, enfermera de las URGENCIAS divinas, cuidando el alma y el cuerpo de esta persona que, hacía poco tiempo, acababa de escapar de los horrores de la guerra en su país…
Jean-Luc Koeppel
Jueves Santo, 14 de abril de 2022
Traducción del francés al español: Beatriz Simó y Pilar Sauquet
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