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Blog de Roche d'Or

Blog de Roche d'Or

Comunidad de la Roche d'Or en Besançon y Fontanilles

Publicado en por P. Olivier Sournia
Etiquetado en : #diariamente..., #presentación de fotos

Me alegra unirme a vosotros en esta Nochebuena, una fiesta que celebramos desde hace más de 17 siglos, y que hoy ha adquirido aspectos muy alejados del centro de nuestra fe... Las dimensiones folclóricas y comerciales invasoras siempre me han producido un profundo malestar. Y, sin embargo, el misterio de la Navidad toca la parte más bella y el punto álgido del misterio de Dios.

La Navidad es ante todo el misterio de un encuentro en medio de la noche: el de Dios con los hombres, explicitado en el conmovedor encuentro entre los pastores, los marginados y rechazados de la época, y Jesús, el Niño Dios. A través de ellos, abarcamos a toda la humanidad... “¡Todos! ¡Todos! ¡Todos!”, proclamaba el Papa Francisco en Lisboa en las última Jornadas Mundiales de la Juventud. ¿Cómo podría Dios vivir este encuentro con todos los hombres si nosotros mismos, hoy, no nos dejamos envolver por Su impulso hacia cada persona, y si dejamos de lado a algunos...? En este sentido, todo encuentro humano es un acontecimiento de gracia, una Visitación, una Navidad.

Por eso, al comenzar esta carta, me gustaría particularmente señalar la llegada del Padre Christian Salenson, el fin de semana del 16 al 18 de febrero a La Roche d'Or, para un nuevo fin de semana sobre orientaciones, puntos de referencia: “El sentido divino de nuestros encuentros”. Christian fue uno de los impulsores, junto con el cardenal Jean-Marc Aveline, de los Encuentros Mediterráneos de Marsella, clausurados por el Papa el pasado mes de septiembre. Pude beneficiarme de su viva y profunda inteligencia durante mi formación en el seminario, y le estoy muy agradecido por haber aceptado dejar las orillas del Mediterráneo para venir a la región del Franco Condado, por amistad, durante un fin de semana... Su experiencia en el diálogo interreligioso, su cercanía de alma con el Hermano Christian de Chergé de Tibhirine (Argelia), su percepción del legado de Carlos de Foucauld, todo ello nos vincula profundamente... No puedo dejar de recomendaros que participéis en este fin de semana.

La Navidad es también una palabra, o más bien un canto: “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama”. Es el canto de los ángeles que resuena cada noche de Navidad. Así pues, el misterio de la Navidad es también el anuncio de la alegría y de la paz, pero que puede parecer tan desfasado dada la situación actual del mundo. Cuántos pueblos y países se enfrentan hoy a la violencia de los conflictos, la desigualdad y la injusticia, y a las crecientes consecuencias del cambio climático... Tanto es así que, en lugar del anuncio de la alegría y la paz, oímos más dolor, gritos de alarma y denuncias de tantas tragedias humanas que están justo delante de nuestra puerta...

La fiesta de Navidad podría convertirse en una celebración etérea y vacía de sentido si nos aprovechamos del disfrute para ocultar por un momento las tragedias de este mundo. La liturgia se convertiría en un ritualismo engañoso, preludio religioso de un grisáceo festín culinario. ¿Qué sentido tendría entonces la fiesta? ¿Sería una verdadera celebración? Porque celebrar significa alabar y magnificar una realidad efectiva, actual, que ya está ahí, y que se está desarrollando hasta su plena culminación. En efecto, la Navidad tuvo lugar, y está sucediendo en cada instante. Pero su culminación depende de nuestra colaboración en la actividad de la Gracia dentro de nosotros y a nuestro alrededor. En definitiva, si bien la Navidad ya está aquí, todavía no la hemos hecho presente...

El pasado 7 de octubre, en el país del mismo Jesús, el mundo descubrió el horror: la impensable masacre terrorista y la despiadada respuesta militar que le siguió. Cuántas lágrimas desde entonces y vidas inocentes destruidas... ¡Qué dolor! Cómo no pensar en lo que escribió Mateo cuando recuerda la matanza de los Inocentes poco después del nacimiento de Jesús, citando al profeta Jeremías: Un clamor se ha oído en Ramá, mucho llanto y lamento: es Raquel que llora a sus hijos, y no quiere consolarse, porque ya no existen”. (Mateo 2,18). Tan pronto como nace Jesús, nos dice Mateo, a la paz y la alegría anunciadas siguen inmediatamente el llanto y las lágrimas. Sin embargo, “la Luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no pueden detenerla” (Juan 1,5). Este es el sentido de la esperanza de Navidad: un diminuto destello que ya es victorioso.

Estuvimos en Belén 15 días antes de los acontecimientos. Al igual que todo el mundo, no teníamos ni idea de lo que estaba ocurriendo en los túneles de Gaza. Celebramos la misa de la Natividad en la gruta del Campo de los Pastores y una corriente de gracia se apoderó de todos nosotros. Cada uno de nosotros recibió al Niño Jesús en brazos, comprometiéndose a ser su propia cuna. Fue un momento indescriptible e inolvidable, y sólo los participantes, emocionados hasta las lágrimas, experimentaron una densidad eterna. Este fue el punto álgido de nuestro retiro en Tierra Santa: allí, en el corazón de una gruta oscura, frente al muro de separación entre Israel y Cisjordania. Para mí, fue una de las Navidades más hermosas y entrañable que he vivido... en pleno mes de septiembre, y en uno de los lugares más asolados de la tierra: el mismísimo país de Jesús. Al igual que hace 2000 años, asistimos al mismo espectáculo de impotencia en el meollo de un acontecimiento: el encuentro de Dios y el Hombre. Mientras la humanidad se desgarra, Dios se entrega, totalmente a la merced de lo que queramos hacer con Él. ¡Dichoso el que acoge y responde! Y dichoso el Dios que así es acogido.

Por eso, me ha conmovido profundamente el texto de Roger, que compartimos con vosotros. Está lleno de fervor y de luz, la de la experiencia del nacimiento de Jesús, en uno mismo y en la noche de este mundo: “Este acontecimiento del nacimiento de Jesús es siempre secreto. Es un acontecimiento íntimo. No es un espectáculo que la gente pueda ver. [...] ¿Dios, es eso? Desde Belén hasta el Gólgota, siempre será lo mismo: el espectáculo de la impotencia -a los ojos de los hombres- ¿Dios, es eso? [...] Dios siempre está ligado, ya sea porque tiene que ser envuelto en pañales, o en la Cruz, donde será clavado. Dios siempre está ligado a nosotros”. [
Leer más...]

Que este texto de Roger ilumine y encienda nuestros corazones. Que esta luz y este calor calen en los lugares más oscuros de nuestro corazón y de nuestra Tierra.

Con toda la comunidad, os deseo una hermosa y luminosa Navidad.


P. Olivier Sournia


Traducción del francés al español:  Beatriz Simó y Pilar Sauquet
 

Presentación de belenes en nuestros hogares.
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