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En esta Nochebuena, me he emocionado al decir: “¡En esta noche santa, tú has resplandecido!
No sólo la noche es la ausencia de la luz del sol, sino que también existe la noche en el corazón de muchos hombres y mujeres. No ven brillar la luz. Festejamos esta noche y está bien, hacemos bien en hacerlo, pero nos engañaríamos si no pensáramos en los que están desesperados o en situaciones que parecen no tener salida. Por eso vienen los ángeles. Os daréis cuenta de que sólo los ángeles vienen a anunciar lo que sucede; los hombres no lo ven. Por más que repitamos “una gran luz”, para algunos es oscuridad, y al mismo tiempo sentimos pena y un gran deseo de que vuelva una luz que ilumine sus almas, que les traiga una alegría que no se les pueda arrebatar. Esta noche brilla con una luz que los hombres no saben que está ahí, y aquellos a quienes se dirige el Cielo son personas poco recomendables. Los pastores, porque estaban con sus animales olían a oveja, cuidaban a las ovejas cuando parían, tenían las manos sucias de sangre y no tenían agua para lavarse, sólo arena para frotárselas. Aquellos a los que se dirige el Cielo son personas que no saben, que no entienden, personas que son rechazadas, personas a las que se les dice: “Eres inmundo, no tienes derecho...”. Gente que no sabe hablar y que no puede comprender, y ahí, en sus corazones se les hace un anuncio. Estas personas son las primeras en oír el canto de los ángeles, que dicen: “Os anunciamos una gran alegría para todo el pueblo, porque hoy, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor”.
Escuchamos las palabras, las oímos, las conocemos desde hace mucho tiempo y sin embargo, en estas noches interiores, en estas dificultades, ¿puede haber fisuras? ¿Fisuras a través de las cuales pueda brillar una luz? A través de una bondad que los conquista, estas personas tan sencillas y tan apartadas, estas personas tan marginadas, tan inmundas, estas personas que no saben hablar... Estas personas escuchan por primera vez: “Hoy os anuncio una gran alegría para todo el pueblo”. Y les dicen: “Aquí está el Ungido de Dios, os ha nacido el Mesías, lo reconoceréis por estos signos: encontraréis a un niño pequeño, envuelto en pañales, acostado en un pesebre...”.
Hoy nos resulta difícil imaginarnos cómo debió de ser el viaje de Nazaret a Belén para María y José. El emperador César Augusto quería que pudieran pagar impuestos, y para poder pagar los impuestos, hay que saber cuántas personas son imponibles. Las cosas tenían que ir muy deprisa. José le diría a María: “No debemos tardar”. María respondió: “Pero ya ves en qué estado me encuentro, el niño puede venir dentro de unos días, está empezando a descender...”. Para una mujer embarazada que está al término de la gestación, era duro caminar durante al menos cuatro días. José había puesto en el asno unas djellabas algo gruesas para cubrirse por la noche y no pasar frío. Intentó que el viaje de María fuera cómodo, pero a veces ella decía: “José, yo también necesito caminar… José, tenemos que parar porque siento que el niño puede venir...”. La angustia del viaje. Jesús que nació al azar de los caminos...
Y entonces, al llegar a Belén, hay una afluencia de gente... De hecho, lo que va a suceder es que el nacimiento de Jesús es siempre un evento secreto. Es un acontecimiento que tiene lugar en lo íntimo. No es un espectáculo que se pueda dar para que la gente lo vea. Y José, a base de ir corriendo de un lugar a otro, descubre una gruta... Resulta que allí no había nada, no había animales, estaba sucia; tuvo que cortar unas ramas para hacer una escoba y quitar la paja podrida, todo lo que habían dejado los animales, olía mal y tuvo que apresurarse. Luego tuvo lugar el acontecimiento que no se podía contar a los hombres, el acontecimiento de la aparición de Jesús, el nacimiento. Y María, que había previsto todo lo necesario, tomó a este pequeño, lo lavó y le cortó el cordón umbilical. José estaba cerca de Ella. María le dice: “¿Dónde lo vamos a poner? No vamos a ponerlo en el suelo, hace frío”. José dijo: “He encontrado paja en un rincón que aún está fresca. Así que lo ponemos donde no han estado los animales, en el pesebre. El pesebre suele estar en alto para que las ovejas pudieran comer paja fresca y no la que había en el suelo. María cuida de este pequeño y lo pone en ese lugar. Cuando vas a Belén, todavía encuentras lugares así.
Y nos dicen: “Este es vuestro Salvador”. Y vienen los pastores y dicen: “¡Corramos! Corramos a ver si lo que nos han dicho es verdad”. Y cuando llegan, descubren realmente lo que les han dicho: este niño, esta pareja de pobres. María y José se quedan atónitos: “¿Qué habéis venido a hacer?”. Cuentan lo que oyeron, cómo se vieron envueltos en luz, y en su interior se produjo una especie de rendija de alegría. Ellos comprenden sin explicación. Ven que todo es “como se les dijo”. Es una gran señal: son los más ignorantes, los inaccesibles, los marginados, quienes son los primeros. Advertir no es suficiente, es en sus corazones donde ocurre todo, son sus ojos los que ven lo que se les ha dicho: María y José están allí, escuchando lo que les acaban de decir. Las cosas están sucediendo para este niño, este “Mesías-Señor”, este pequeño bebé que todavía no puede abrir realmente los ojos, que no puede distinguir, que no puede hablar. ¿Así es Dios? Desde Belén hasta el Gólgota, siempre será lo mismo: el espectáculo de la impotencia -a los ojos de los hombres- ¿así es Dios? Incluso después, cuando abra los ojos. ¿Así es Dios? ¿Ese pequeño envuelto en pañales? Dios siempre está ligado, ya sea aquí, porque tiene que ser envuelto en pañales, o en la Cruz, donde será clavado. Dios siempre está ligado a nosotros. Solo que a nosotros, nos gustaría ver las cosas a lo grande, que Dios apareciera con poder para los poderosos que saben. Los que necesitan saber son los más abandonados, necesitan sentir la “benevolencia” de Dios. No hay manera de explicarlo; aquí entramos en el misterio de Dios. ¿Por qué un Dios tan frágil? ¿Por qué un Dios tan vulnerable? ¿Y cómo nos gustaría que fuera? La gente no puede entender que Dios sea así, envuelto en pañales.
Esta es la alegría que viene porque no está vinculada a nuestro poder o a nuestra impotencia. Dios no está ligado por las cosas que nos imaginamos: el bien, el mal... Dios no es prisionero de las ideas. Existe la bondad. Y la bondad sólo puede descubrirse a través de personas que son buenas. No hay una escuela de bondad. ¿Cómo puede llegar la bondad a nosotros? La bondad que es la firma de Dios, una bondad que no se obtiene haciendo algo que se debe hacer, una bondad gratuita, una bondad que no se puede pesar. Dios es el único ser que nos ama sin que tengamos ninguna razón para ser amados. Es Él quien, al amarnos, nos califica. Por tanto, no es lo que los hombres puedan inventar con su moral. Dios va más allá de todas esas cosas, pero existe la revelación de esta bondad del cielo. A través de las personas en las que resplandece esta bondad es como llega a nosotros. Reconocemos la bondad de Dios porque es el único que puede llegar a nosotros hasta esas profundidades inaccesibles para nuestra conciencia. En eso consiste la revelación: la bondad de Dios llega a nosotros y tiene que ser indefensa, tiene que aparecer como verdaderamente dada, ofrecida, sin razón. “Porque te amo” es el único atributo con que Dios aparece. Esta tarde quisiera simplemente deciros que esta bondad de Dios que celebramos es nuestra única esperanza y nuestro único futuro...
Roger Robert
Sábado, 24 de diciembre de 2016
Traducción del francés al español: Beatriz Simó y Pilar Sauquet
"Réjouissons-nous, un Enfant est né !", CD Tissage d'or 4 (Communauté de la Roche d'or)
Para ver la letra en francés de la canción "Réjouissons-nous, un enfant est né !"
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