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Blog de Roche d'Or

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Comunidad de la Roche d'Or en Besançon y Fontanilles

Publicado en por P. Roger Robert
Etiquetado en : #texto de Roger, #cantos

La carta a los Gálatas es la carta de libertad de la Iglesia. Lutero solía decir: “Esta es la novia de mi corazón”. Menos mal que tenemos esta carta en la Iglesia. Es donde Pablo dice que “Cristo vino para liberar a la libertad cautiva”, y una y otra vez, en cada época, volvemos a ver el control de las conciencias, como si Dios fuera un manipulador. Entonces, la gente entra en un estado de ansiedad a causa de él, para complacerlo o por el temor de no complacerlo... Todo lo que somos capaces de inventar… Por eso escribe Pablo, y eso es lo más terrible que le va a pasar a la Iglesia.

Lo constatamos, en cada generación se repite. No debemos pensar que cosa de viejos tiempos, hoy pasa lo mismo. Y cuando digo esto, creo que sois muchos los que os sentís identificados. ¿Quién de vosotros no tiene miedo de Dios? Estoy seguro de que muchos me dirían: “No tengo miedo, pero, a pesar de todo, tengo un poco de miedo”. Algunos me dicen “no”, de lo cual me alegro, pero mirad a vuestro alrededor. Incluso para los no creyentes, en cuanto se menciona la palabra “Dios” o “religión”, lo ven como algo que les impide ejercer su libertad. La religión se presenta como algo que viene a enturbiar vuestra vida y a impedir que la inventéis como desearíais. Dios sería el enemigo de nuestra felicidad… Incluso para los ateos y agnósticos... ¡Es terrible este tipo de presentación!

Pablo escribía presionado por las circunstancias, pues lo estaban calumniando. Pero para Pablo, no era tanto la calumnia contra sí mismo lo que le enfurecía, porque eso no acababa con él, sino que, al calumniarle a él, era a Cristo a quien estaban calumniando, al evangelio de Jesucristo, el verdadero rostro de Dios. Al decir que no es un verdadero apóstol, que es un hombre de segunda mano, que es laxista, que se adapta a la gente, que lo que tolera aquí no lo tolera allá… se está dudando la veracidad del Evangelio.

¡Este hombre es asombroso! En la carta a los Corintios, se dirige a ellos, y encontramos las mismas historias en casi todas partes, y hoy es lo mismo. Dice: “Hijos míos, a quienes doy a luz con dolor, hasta que Cristo se forme en vosotros”.

La manera de reaccionar de Pablo aquí, entre los gálatas, es la de un hombre que siente los desafíos de la vida, que percibe inmediatamente el peligro y por eso, cuando reacciona, reacciona con, ’yo diría’ un “útero crístico” (No sé cómo decirlo, me lo estoy inventando sobre la marcha...) Es terrible, ve antes que los demás, ve el mal que va a suceder antes que los demás, porque es la vida la que está amenazada. Por eso reaccionan en todas partes. Y eso es lo que tenemos en sus cartas que formaron la Iglesia. Si Pablo no hubiera estado en la vanguardia para decir: “¡Atención, peligro! Atención, ¡eso no, eso no!”, entonces habríamos entrado -y aún estamos ahí- en el Dios del “fin de la performance”, con esta falsa noción de perfección.

Pablo vio enseguida el peligro. Reaccionó visceralmente. Y habéis escuchado sus palabras: “El evangelio que os he predicado no es de inspiración humana”. (Gal 1,11) No es una teoría, no soy yo quien piensa eso y otro puede pensar lo contrario. No es una sabiduría que inventamos para vivir mejor. "El Evangelio que os he anunciado no es de inspiración humana”.

Pablo va a decir a los corintios: “No hablemos de sabiduría como hablan de ella los hombres para tratar de encontrar un arte de vivir que sea noble, que sea bello, que sea humano. No. El Evangelio es la iniciativa de Dios que viene a revelarnos, en el acontecimiento del encuentro, la bondad que ha regido nuestra existencia. Y eso no forma parte de la evolución, porque conduce a la muerte, y la muerte no es buena, porque la muerte sería destructiva. Es Cristo quien va a cambiar el sentido de esto. La muerte es malvada, por eso Pablo dirá en la carta a los Corintios: “El demonio lo ha encerrado todo en el miedo, y en el miedo a la muerte”. Él vio la raíz de la violencia en lo más profundo del hombre. En lo más profundo de nosotros está el miedo de que no haya nadie; de que hayamos nacido por casualidad de que no haya nadie debajo de mí. Puede que algunas personas me quieran, pero en algún momento dirán: “Ya no podemos hacer nada más por ti” y caeré en la nada, desapareceré. Todos albergamos eso en el fondo de nosotros mismos.

Hay una rebelión muy dentro de nosotros, no podemos aceptar la muerte. Y el diablo lo ha encerrado todo en el miedo y el miedo a la muerte que sería irreversible: ¡no hay nadie! ¡No hay nadie! Por eso Jesús dirá: “Cuando habléis con vuestro Padre, decidle: “No nos dejes caer en la tentación”. Pensar que en algún momento me va a dejar tirado porque las cosas no van bien y me voy a morir, ésa es la tentación; es creer que ya no hay Padre, en el sentido en que Jesús usa esa palabra, en el sentido de que ya no hay nadie que pueda decir: “Yo, quiero tu vida, no quiero que desaparezcas”. Uno se queda solo en el desamparo y en el abandono, y ésa podría ser la tentación de la desesperación, de la rebelión... “No hay Padre”.

Ya veis cómo Pablo llegó a sentir y expresar, para gente que no era de cultura judía, lo que Cristo decía. Cuando dijo: “Cuando llegué a vosotros, gálatas, no os anuncié una sabiduría venida de los hombres, un arte de vivir, simplemente os dije cómo erais amados, e hicisteis la experiencia de recibir esta intimidad divina, gratuitamente. Recibisteis el Espíritu Santo de una manera asombrosa…

Y sigue diciendo: “Además, este Evangelio no me ha sido transmitido ni enseñado por un hombre, sino por revelación de Jesucristo” (Gal 1,12) Por eso Pablo es apóstol al igual que los Doce. En la primera carta a los Corintios, lo vemos en el capítulo 15: “En primer lugar, os he dicho esto que yo mismo recibo, que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras, y fue sepultado; y resucitó al tercer día según las Escrituras...» (1Cor 15,3-4) Lo que sucedió en el camino de Damasco fue un encuentro con Cristo resucitado. Pablo es “el que no se esperaba”, como él mismo dice. Y de ahí le viene su autoridad, fue el propio Jesús quien se presentó y le impregnó de su bondad. Necesitamos ser marcados, impregnados y perfumados con el aroma de la persona de Cristo.

Pablo dice: “Fue Cristo mismo quien me impregnó de él, y lo que digo de él es su huella. Es él quien me atrajo a su corazón, es él quien me hizo conocerlo, es él quien se me da en cada instante, y todo lo que recibo de él lo recibo como él mismo lo recibió. Él también sabe lo que es recibir en la debilidad”. Jesús es el Hijo, es decir, alguien que recibe, y que recibe incluso por recibir. Es una frase que a la gente le cuesta entender. Recibimos incluso por recibir. Eso es lo que hay de filial en nosotros... Así que Jesús sabe que lo recibimos todo. Pablo dice: “Me ha marcado, me ha impregnado, me ha hecho conocerlo. ¿No tengo en mí los sentimientos que hay en el Señor Jesús? ¿No tengo los pensamientos de Cristo? No lo estudié en los libros, ni aprendí de él hablando con alguien, fue él quien me tomó en sus brazos cuando yo era un pobre chiquillo que se deslizaba hacia el terrorismo y la violencia. Esta es la autoridad que Cristo me ha confiado. Es la gracia que recibí de Él. Por eso, cuando he venido a vosotros, no he traído “mi” pequeña doctrina, no he hecho un Evangelio “a mi manera”, no, es el mismo Jesucristo.

De ahí las palabras de Pablo: “Yo conozco Aquel en quien he puesto mi fe”.


Roger ROBERT
Miércoles, 26 de marzo de 2003

 

Traducción del francés al español:  Beatriz Simó y Pilar Sauquet

Ce qui est folie dans le monde " CD Tissage d'or 6 (Communauté de la Roche d'or)