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Juan 15,26 a 16,4
Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando venga el Paráclito (Defensor), que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí. Pero también vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio. Os he dicho esto para que no os escandalicéis. Os expulsarán de las sinagogas, e incluso llegará la hora en que todo el que os mate piense que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he dicho esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había dicho”.
La actividad del Hijo no es un camino de rosas. El trabajo de los hijos del Hijo, que tienen que transmitir al mundo el testimonio que el Hijo ha dado del Padre, tampoco es un camino de rosas, porque el mundo ataca. Por eso Jesús dijo: “Os daré un Defensor”, el Espíritu Santo es el Defensor de Jesús.
Por eso, quienes no conocen a Dios como Padre no aceptan una verdadera comunidad humana basada en la igualdad de las personas, en la que todos los hijos de un mismo Padre son hijos suyos y, por tanto, son hermanos y hermanas. Si decimos que Dios es Padre, ello nos obliga a renovar radicalmente la comunidad humana, que casi nunca es una verdadera comunidad. No es una familia, es, digamos un regimiento o una fábrica anónima, es una sociedad en la que el hombre es explotado por el hombre. Presentar a Dios como Padre significa cambiarlo todo, renovarlo todo. Además, están los que presentan a Dios como Padre, pero un padre paternalista, un padre que, en cierto sentido, es aún peor que un padre autocrático: un empalagoso, que sólo espera de sus hijos una obediencia servil o una obediencia lánguida, anémica. En ambos casos: si se niega que Dios sea Padre o si se tergiversa la verdad de su paternidad, es catastrófico.
Pero, los que quieren ser discípulos de Jesús y han sentido que Dios es Padre, Padre como Jesús nos muestra, pueden esperar a vérselas moradas: persecución y objeciones, primero dentro de sí mismos porque el mundo se insinúa en ellos. Si no tenemos la defensa del abogado, (Defensor y Abogado son la misma palabra, la misma cosa. El abogado es el defensor del acusado). Si el Espíritu Santo no viene a nuestro interior para mostrarnos que tenemos razón al sentir que Jesús es el Hijo de tal Padre, entonces nos venimos abajo y volvemos, marcha atrás, a otro sistema que no es el sistema de la verdadera comunidad tal como el Padre la realiza y se la da a su Hijo para que la realice...
El Espíritu Santo es el Defensor de Jesús. Jesús tuvo que oír de todo contra su comunidad de Cafarnaúm, contra su comunidad de Betania. Tuvo que ser fortalecido interiormente porque todo el mundo le decía, y Judas el primero: “¡Estás loco! ¡Esto no funcionará! Además, hombres y mujeres juntos, ¿te das cuenta? Y el reparto equitativo, y la puesta en común de todo..., ¡estás loco!”. Y Jesús fue consolado por el Espíritu Santo: se mantuvo firme y subió a Jerusalén con su cuadrilla, su comunidad de locos, que vivían a su manera, que era la locura...
Es lo que dice San Pablo: “La locura según el mundo es la sabiduría según Dios...”. Esta Sabiduría del Padre, Sabiduría del Hijo, es la que tenemos que vivir ahora. Y nuestro esfuerzo de vida comunitaria se debe a que creemos que el Padre no es un Padre cualquiera. Es Padre según lo que Jesucristo nos revela y que nos ofrece para vivir como se vive en la Santísima Trinidad, en la absoluta igualdad de personas. No en la obediencia, sino en la invención del amor y en la escucha, en la atención, en la contribución, en la acogida y en la puesta en común, para que haga una “uni-trinidad”, una “uni-multiplicidad”, en la verdadera comunidad...
Necesitamos el alegato del Espíritu Santo dentro de nosotros, que nos dice: “¡Continuad! ¡Tenéis razón! Si no lo hacemos, no podremos dar nuevos pequeños pasos, porque las tinieblas del mundo son tan fuertes que pueden hacernos retroceder… Necesitamos el Espíritu que nos lleva a caminar para dar nuestros pequeños pasos. Y ese Espíritu nos hace adherirnos a Jesús y a lo que obra a su alrededor: su comunidad.
“No nos dejes caer en la tentación” es el sentido literal, directo, de la petición. Estamos amenazados. Se nos ataca dentro de nosotros mismos y a nuestro alrededor. Que no caigamos en la tentación de abandonar la paternidad de Dios, tal como es en realidad, y sustituirla por una falsa noción de paternidad o de ausencia de paternidad. Esa es la tentación. Nos acecha todo el tiempo. Y el Espíritu Santo reaviva, reanima, suplica... Hace resplandecer cada vez más que éste es, el meollo de la comunidad, el sentido de la verdadera paternidad.
Nuestra relación con Dios es lo que determina absolutamente nuestra relación mutua. Si tenemos una falsa imagen de Dios en nuestro interior, entre nosotros, las cosas no pueden funcionar, no puede haber verdadera comunidad. Si el manantial está envenenado, todo el río está envenenado... El papel del Espíritu Santo iluminador es defendernos: cuando nos ilumina, nos defiende, matando dos pájaros de un tiro. Al hacernos sentir quién es el Padre de Jesús, nos defiende de todas las falsas nociones de Dios, y así nos lleva a ser claros, francos, honestos y sencillos los unos con los otros... El Espíritu Santo es guardián, abogado (defensor) y exégeta (analista). Estas son las tres palabras que lo caracterizan. Y unir la súplica al Espíritu Santo con la última petición del Padre Nuestro es el sentido evangélico correcto. Ah, “Y no nos dejes caer en la tentación, más líbranos del mal”. El mal es vulnerar la noción de Padre.
Permaneced en lo concreto del Evangelio y en lo concreto de la comunidad. “Daréis testimonio porque habéis estado conmigo desde el principio”. ¿Qué significa eso según el Evangelio? Significa que Jesús llevó consigo a los discípulos desde el bautismo de Juan en el Jordán, y durante tres años los discípulos lo vieron, y vieron, y vieron... y oyeron, y oyeron... Todo lo que Jesús decía, todo lo que hacía, era una revelación del Padre. “Habéis visto cómo revelé al Padre a la Samaritana, a Nicodemo, al paralítico de Betzatá, en la multiplicación de los panes... Habéis visto... Siempre era el testimonio del Padre lo que yo desvelaba. Me habéis visto dar testimonio del Padre durante tres años, así que vais a continuar...” Ese es el 'sentido obvio'...
Ahora, ¿cuál es el sentido comunitario? ¿Puedo decir, por ejemplo, como Jesús: “Puedo irme porque me habéis visto dar testimonio del Padre durante 33 años”? … … ¡Sí! Como decimos en el Franco Condado: “A veces sí... algunas veces… ciertamente, pero no siempre... A cada uno de retomarlo… Oh, la, la ... “Sabéis lo que significa: “Puesto que has estado conmigo desde el principio… Ni una sola vez vaciló Jesús en su testimonio del Padre. Por eso dijo a sus discípulos: “Ahora podéis iros, puesto que habéis estado conmigo desde el principio. Vosotros sabéis cómo dar testimonio del Padre”. Para nosotros, es un cuestionamiento: intentar dar mejor testimonio y dar un paso mañana...
Florin Callerand
28 de mayo de 1984
"Je bénirai le Seigneur (Psaume 33)", CD Tissage d'or 5 (Communauté de la Roche d'or)
Para ver la letra en francés de la canción "Je bénirai le Seigneur (Psaume 33)"
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