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Blog de Roche d'Or

Blog de Roche d'Or

Comunidad de la Roche d'Or en Besançon y Fontanilles

Publicado en por P. Florin Callerand
Etiquetado en : #Para vivir la Semana Santa…, #texto de Florin, #cantos

En la mañana de Pascua, María Magdalena fue la primera en llegar al sepulcro y se fue a convencer a Juan y a Pedro para que vinieran enseguida a dar fe del sepulcro vacío. Juan empieza a entrever que si el sepulcro está vacío es porque de algún modo ya se siente habitado por Cristo en su interior… por lo que, habiendo visto el sepulcro vacío desde la entrada, no entra, realmente no merece la pena, mientras que Pedro, entra agachado en el interior y se encuentra con el sudario y las vendas.

Y Magdalena vuelve de nuevo al sepulcro. Es entonces cuando hay ese diálogo entre ella y el Señor. No debe ser cosa hecha esto de adaptarse a un Resucitado cuando se ha vivido con él unos cuantos años sin estar resucitado. Cuestiónate de forma objetiva, desde la experiencia. Desde luego era fantástico vivir con Jesús, escucharlo, ver lo que hacía, poderle preguntar… Adivináis el atractivo que podía suscitar ser discípulo de Jesús: seguir su ejemplo, asistir a sus charlas, ver cómo irradiaba Espíritu Santo. Además, ahí estaba la gente que había sido liberada, que se convertía, que encontraba en su interior el sentido de su vida y se planteaba las cuestiones existenciales… Había un antes y un después. ¿te das cuenta? dos o tres años en los que María Magdalena y Jesús caminaron juntos.

También se sabe que María, la madre de Jesús, los acompañaba; Juan hace una inclusión absolutamente segura en su evangelio, María después de Caná no regresó a Nazaret, ella le sigue y la volveremos  a encontrar al pie de la Cruz, en la Cruz: la inclusión se cierra a la manera de San Juan. Por lo tanto, esto quiere decir que María estuvo presente durante la vida de Jesús, no necesariamente en todo, ni en todos los detalles, pero ella estaba con Él. Ella no volvió al punto de partida, emigró de Nazaret. Nazaret estaba superado, fue un comienzo. María se fue con Él.

María con su forma de mirar y de escuchar a Jesús daba un cierto tono a esa pasión que tenía hacia Él. Evidentemente, ella le enseñó cantidad de cosas, aunque solo fuera andar y hablar… Sí, pero después María aprendió de Él a través de lo que decía, de lo que mostraba: la revelación estaba en marcha. La vida de su hijo desvelaba en María secretos sobre el Dios invisible por quien fue ceñida de ternura, pero a quien no veía. María progresaba constantemente en conocimiento y en experiencia de este Dios-Padre del que recibía el Hijo. ¡Qué sobrecogimiento durante toda su vida!

Cuando escuchaba las parábolas, escuchaba y veía las enseñanzas de Jesús y los discípulos la veían escuchar y María Magdalena la veía escuchar, ¿adivinas el efecto que esto les hacía? María apasionada de Jesús de una forma increíble…

Te puedes imaginar que en María debía existir otra admiración: la revelación traslúcida, transparente, diáfana del Dios invisible que la abrazaba interiormente y que, en el Hijo a quien dio su cuerpo, le revelaba al Dios invisible. Ahí lo tenemos, en el Prólogo de San Juan: "A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha contado y nos lo ha hecho ver”. Es la Revelación y María está en primera línea de esta revelación.

María Magdalena mira como María pero además, ve a María contemplando. Cuando hay una doble mediación, desde luego, es mucho más intensa que cuando solo hay una simple mediación. ¡La compañía de María es algo maravilloso! Si acudes a ella, el sobrecogimiento que la colmó va a colmarte a ti también.

No hay duda de que María Magdalena, posiblemente la pecadora del capítulo siete del evangelio de San Lucas, es aquella que estuvo al pie de la cruz con María y también aquella que en la mañana de Pascua tuvo la primera revelación de la resurrección de Cristo. Ella cree que es como antes, que Cristo le hablará… Entonces se precipita. Digámoslo por su nombre, tuvo una “alucinación”. Evidentemente. Cuando se ama a alguien tan intensamente, incluso si no está allí, se percibe su forma: “Creía que estaba allí”.

Si quieres entrar en el misterio de la Resurrección, tiene que ser a través de analogías, de metáforas, de parábolas como podrás penetrarlo. Por ese motivo, María Magdalena intenta atrapar a Jesús por los pies para retenerlo, para que el ‘después’ sea como el ‘antes’. Entonces Jesús le dijo, -no como dice la mala traducción de la Vulgata: “No me toques” sino: “No me retengas, porque me estoy yendo, subiendo hacia mi Padre”. Jesús entra en la gloria y da a sus discípulos, que tenían la costumbre de vivir sensiblemente con Él, un tiempo intermedio de pedagogía para aprender.

“No me retengas, me estoy yendo hacia el Padre”, y Jesús muestra, no sé cómo, un algo que todavía es sensible. María Magdalena quiere que sea aún sensible, como antes y Jesús le dice: “Basta, ¡no me retengas! Todo se va a jugar en la interioridad. Esta “alucinación” que tienes ahora, en la mañana de Pascua, ya no la tendrás ni esta tarde, ni mañana, ya no volverá nunca más. Vivirás en la intimidad de mi nueva Presencia. Tendrás la prueba, porque ya no será como antes, cuando me podías ver exterior a ti y te hablaba con palabras cálidas, palabras formidables, palabras entusiastas y que te arrebataban… ¡era magnífico! Pero, cuando te las diga en tu interior y deposite mi soplo de Espíritu Santo, entonces verás lo que pasa…

Por esto a María Magdalena se le llama
"Apostola apostolorum", “la Apóstol de los apóstoles”. Revestida así, con esta experiencia de Cristo en ella, se convierte en la animadora de la fe, de Pedro, de Juan y de los demás….


 

P. Florin Callerand

Viernes 31 de octubre de 1997

 

Traducción del francés al español:  Beatriz Simó y Pilar Sauquet

"Christ est ressusité des morts !", CD Tissage d'or 5 (la Roche d'or)