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Blog de Roche d'Or

Blog de Roche d'Or

Comunidad de la Roche d'Or en Besançon y Fontanilles

Publicado en por P. Florin Callerand
Etiquetado en : #Para vivir la Semana Santa…, #texto de Florin

“Los soldados, después que crucificaron a Jesús, tomaron sus vestidos, con los que hicieron cuatro lotes, un lote para cada soldado, y la túnica. La túnica era sin costuras, tejida de una pieza de arriba abajo. Por eso se dijeron: ‘No la rompamos; sino echemos a suertes a ver a quién le toca’. Para que se cumpliera la Escritura: Se han repartido mis vestidos, han echado a suertes mi túnica. Y esto es lo que hicieron los soldados. Junto a la cruz de Jesús estaba su madre” (Juan 19,23-25).
 

Quedaba “la túnica sin costuras”. Solo el sumo sacerdote estaba autorizado a llevar una túnica sin costuras y únicamente cuando entraba en el “Santo de los Santos”. Y esta túnica sin costuras era, en Israel, el signo de la alianza sin costuras de Dios con su pueblo.

La túnica sin costuras es Jesús, por eso no se puede dividir. ¿Por qué, según San Juan, la “túnica es sin costuras”? Porque Él es verdadero Dios-verdadero Hombre, sin fisuras. Todos los actos humanos de Jesús son actos divinos; no hay dos personas en Jesús. En Él no hay costura de empalme entre lo divino y lo humano, es el propio Dios que se hizo carne.

Pero, ¿quién fue la persona que tuvo la idea? y ¿quién, en segundo lugar, se atrevió a hacer una túnica sin costuras para Jesús? La única respuesta que se nos ocurre es la persona que conocía el misterio de Jesús “sin costuras”. Solamente la Virgen María podría ser la autora de este tejido absolutamente asombroso, sobrecogedor. Ninguna mujer ha estado tan conmovida por el nacimiento y la evolución de su hijo como María. No salía de su asombro, iba de admiración en admiración. Un resplandor divino del Espíritu Santo emanaba del niño en el día a día de Nazaret, mientras trabajaba y aprendía el oficio de carpintero con su padre. María contempla, María se impregna y el Espíritu Santo que la asiste, le da la capacidad de escudriñar lo divino en lo humano.

Por supuesto que Jesús es único en su género, verdadero Dios - verdadero Hombre; por supuesto que María es única en su género, colmada y henchida de Espíritu Santo para conciliar su feminidad y maternidad con la necesidad de dar al Hijo de Dios una talla humana, completa y perfecta. María, la tejedora de la túnica sin costuras, es la que hizo al Hijo de Dios, es ella la persona idónea para formar a los hijos de Dios, que somos nosotros. Ella es la Madre de la Iglesia y los miembros de la Iglesia van a ser, bajo su influencia, seres “sin costuras”.

Por lo tanto, aquí se nos plantea una gran pregunta, para cada uno de nosotros y en nuestras relaciones con los demás: ¿tenemos costuras o no? Nuestro egoísmo es la frontera de la separación. Nuestra dificultad para compartir y llegar al auténtico diálogo es la costura que dificulta y desgarra la túnica del Hijo de Dios. ¿Cuál es entonces la misión de María, Reina y Madre de la Iglesia?  Tejer la túnica sin costuras.

Es comprensible, desde fuera, que los soldados dijeran: “¡Sería una pena! No vamos a romper esta pieza de tejido en cuatro partes, ¡sería una idiotez! No la hagamos pedazos, más bien echémosla a suertes, a ver a quién le toca.

Somos responsables de ser con María tejedores “sin costuras” allá donde estemos. Porque solamente el estar “sin costuras” es lo que da valía a la existencia. Si desayunáis “con costuras”, vuestro gesto no tiene ninguna valía, ningún significado. Claro que necesitamos coger fuerzas para terminar el día, pero si esa es vuestra única motivación, es una lástima; ahora bien, si lo tomáis “sin costuras”, ¿cómo no percibir la presencia de Dios en quienes han preparado la mesa, el café, la mantequilla, la mermelada? Naturalmente, vivid “sin costuras”, Dios está con vosotros y os salva. Hay un sentido de eternidad en la banalidad de lo cotidiano y en lo más prosaico. María, tejedora de la túnica sin costuras.

Este es el trabajo de María, ella os enseñará a vivir de forma divina todas las cosas corrientes del día a día en vuestra vida. Y así es como, desde ahora mismo, va a tener lugar el misterio. Debemos anhelar. El fin del mundo es enseguida, el reino de Dios es ahora, en la unidad del cielo y de la tierra, en cada actividad concreta que vivimos.

Si queremos preguntar a María la de los vínculos, las confluencias, la encrucijada, algunas informaciones adicionales, no hay más remedio que constatar el asombroso respeto de aquellos brutos soldados romanos hacia esta túnica: “No se toca, hay que sortearla, de ninguna manera hay que destrozarla.  No hay que cortar en pedazos la vida cristiana, hacer de ella compartimentos, en donde cabe, de vez en cuando lo divino, luego lo cotidiano, que no tiene nada de divino. Tenéis la maravillosa suerte de poder vivir lo divino sin excepción, siempre, incesantemente y en todas partes. ¡Es grande la vida humana, es formidable!

“Así que esto es lo que hicieron los soldados...” Ellos se negaron a romper, a desgarrar la túnica, y arrebatados por el Espíritu Santo, hicieron un gesto profético.

“Junto a la cruz de Jesús, al lado de la cruz de Jesús, estaba su madre”. Nos encontramos ante el segundo aspecto del “sin costuras” entre Jesús y María. Son dos personas distintas, cada una con su propia inteligencia y voluntad, pero por parte de María existe una tal entrega de sí misma al Señor, que está con respecto a Jesús en una actitud de donación total. Ella está en Él. Si decís “María”, es Jesús quien responde, si decís “Jesús”, es María quien responde. El “uno en el otro” hecho realidad.

María pronunció un “fiat” universal el día de la Anunciación, no solo para el acontecimiento de la encarnación que iba a tener lugar en su seno, sino para todo el destino de ese Hijo, a lo largo de su existencia. Su “sí” es un inmenso “sí” en el tiempo, en el espacio, eternamente. María y el Señor son uno, su fuerza de cohesión es el mismo Espíritu Santo que, siendo dos, son uno, porque el uno está en el otro. “La túnica sin costuras”

Y luego nos aparece el tercer “sin costuras”. Se trata de cuando Jesús, en sus supremas palabras testamentarias, anhela que Juan se comporte con María, como Él mismo se comportó con ella; esta es la misión testamentaria que Jesús le confía a Juan. Y Juan lo hace realidad, toma a María como tomaría a Jesús porque ha visto, ha captado que María y Jesús son uno. El prodigio de ese Dios que no puede salvar al mundo sin la colaboración de la libertad humana. Y he aquí a María entregada a Jesús, y de los dos hacen uno. Pero la Iglesia que va a nacer, encabezada por San Juan, debe a su vez adherirse a María de tal manera que, efectivamente, sea “sin costuras” todo lo que Jesús desee impregnar en cada uno.

Con María sin costuras, nos unimos a Jesús mucho más rápidamente. No prescindáis de ello, vivid la consagración a Jesús por María, sin costuras, como San Juan y entonces tendréis a toda la Iglesia al completo, Jesús, María y nosotros.

 

Florin Callerand
Sábado de Pascua, 29 de marzo de 1997

 

Traducción del francés al español:  Beatriz Simó y Pilar Sauquet

 

"Père, qu'ils soient un", CD Tissage d'or 2 (Communauté de la Roche d'or)