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Queridos amigos y amigas,
Mientras escribo, contemplo desde mi ventana, como cada mañana, los primeros brotes de los tilos que bordean el camino de Santa Teresa. Si las forsythias, los ciruelos y los arbustos primaverales ya han dado sus primeras flores, en cambio, los tilos y otros árboles de hoja caduca parecen rezagarse en un obstinado invierno. Si no fuera por el canto de los pájaros al amanecer, aún dudaríamos de haber entrado realmente en el equinoccio de la nueva estación, anunciando una vida victoriosa sobre el frío y la noche.
El 23 de marzo, nos reunimos en la Clairière, en torno a la tumba de Florin, 23 años después de su fallecimiento y cada vez más acompañado: Michel, como os notificábamos hace poco, ha sido el último en llegar a este apacible lugar, y mirándolo bien, da la impresión que la comunidad es más numerosa en el Cielo. ¿Cómo no ver una señal de la presencia constante de estos hermanos, tan discreta como eficaz, habiendo sido Florin el primero en ponerse manos a la obra? Nuestro acto fue sencillo, agradecido, fervoroso. En nuestras oraciones, os llevamos a cada uno de vosotros, al igual que a los cinco obispos de la Zona de Besançon, reunidos en nuestra casa para celebrar su Asamblea Plenaria, que habitualmente tiene lugar en Lourdes, pero que este año se ha realizado por videoconferencia, debido a las restricciones sanitarias. Todos ellos, por invitación de nuestro arzobispo, eligieron reunirse en nuestra casa... Nos conmueve ofrecerles ese espacio de nuestra hospitalidad, como una gruta de la que mana un discreto manantial al que vienen a beber ovejas y pastores...
Este año, de nuevo, no podremos acoger a nadie para el retiro de la Semana Santa. Nos vemos obligados a permanecer cerrados, del mismo modo que los restaurantes y otros establecimientos abiertos al público. Teníamos tantas esperanzas de reanudar la acogida en Semana Santa... Pero la situación sanitaria en Francia se parece a esos tilos junto a mi ventana, todavía atrapados en un invierno que está durando mucho.
No obstante, la savia va subiendo aunque no la veamos y su crecimiento es irresistible. Me gusta ver en esta providencial coincidencia de la primavera con el misterio pascual, una sinfonía mística celebrando la victoria de Aquel que nos amó hasta el final. En las turbulencias de este tiempo, todo nos invita a convencernos de que vamos de catástrofe en catástrofe... No obstante, en el meollo de una situación difícil y espectacular, resuena la sinfonía discreta y primaveral de la Vida, el canto de exultación de la noche de Pascua. Exultación que, lejos de eludir la travesía, representa su coronación final.
Sí, celebrar la Semana Santa es entrar en el mismo recorrido de Jesús, acompañarlo paso a paso, permanecer en Él... para que Él mismo nos establezca donde Él está, en el corazón del Padre: “Quiero que donde yo éste, estéis también conmigo” (Jn 14,3 y 17,24). Cada una de nuestras vidas está destinada a la victoria pascual, y desde ahora mismo, a cada instante Jesús nos sostiene en su Eternidad: “¡Nadie las arrebatará de mi mano!” (Jn 10,28), exclama Jesús hablando de sus ovejas. Es esta intensa comunión de uno en el otro, la que Jesús viene a sellar en su Pascua. Estamos por siempre en Él.
Por eso nos agrada compartir con vosotros este magnífico texto de Florin, que es la transcripción de una charla pronunciada el sábado de la última Semana Santa que celebró en la Roche d'Or. En este texto, Florin, retomando el símbolo de la túnica sin costuras con la que Cristo fue revestido durante su Pasión, nos dice, con intensidad y ánimo, lo que está en juego en nuestras vidas: llegar a ser cada uno de nosotros, seres “sin costuras”, que viven todas las cosas de forma divina. Con la fuerza ardiente de su experiencia, nos habla del trabajo de María para hacer de nosotros personas “sin costuras”, como lo es la túnica de Jesús, como ella misma está unida a su Hijo y Señor, y el modo en que hemos de estar unidos a ella: debemos “pegarnos” a María “de tal manera que, efectivamente, 'sin costuras', todo lo que Jesús desee descienda en cada uno de nosotros". Estas palabras nos pertrecharán para continuar la travesía y ver finalmente florecer los brotes de una nueva primavera...
¡Os deseo a todos y a cada uno, una bellísima Semana Santa!
Olivier Sournia
Traducción del francés al español: Beatriz Simó y Pilar Sauquet
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La “túnica sin costuras” ...
Quedaba “la túnica sin costuras”. Solo el sumo sacerdote estaba autorizado a llevar una túnica sin costuras y únicamente cuando entraba en el “Santo de los Santos”. Y esta túnica sin costuras era, en Israel, el signo de la alianza sin costuras de Dios con su pueblo.
La túnica sin costuras es Jesús, por eso no se puede dividir. ¿Por qué, según San Juan, la “túnica es sin costuras”? [Lee mas...]
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