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Cuando el horizonte parecía despejarse después de dos largos años de crisis sanitaria, hace una semana nos enteramos de la invasión de Ucrania por parte de las tropas rusas. Nos quedamos atónitos al comprobar que acababa de producirse una declaración de guerra a las puertas de Europa. Desde entonces, la escalada de violencia parece ser la consigna y la amenaza nuclear una realidad aterradora. Estamos asistiendo abrumados y doloridos, al éxodo masivo de mujeres y niños, dejando a los maridos, padres, hermanos e hijos en el frente de la resistencia con la angustia en el corazón. Nuestros gobiernos, en toda Europa y en el mundo, intentan detener los combates y defender la soberanía violada de una nación, al tiempo que se ven atrapados entre la negativa a una respuesta armada y las limitaciones del derecho y de los tratados internacionales. Sí, es un drama que se está desarrollando a nuestras puertas, cuyas consecuencias ya empiezan a ser terribles.
Al comienzo de la Cuaresma, esta guerra invade inexorablemente nuestros campos de conciencia y presencia en el mundo, así como nuestra oración. El Papa nos pide que dediquemos este Miércoles de Ceniza a la oración y al ayuno por el pueblo ucraniano. Esto parece muy insignificante frente a una violencia tan espectacular. Y sin embargo... Nadie puede medir el alcance de la oración, esta audaz elección de ofrecerse a la gracia acogiendo dentro de sí “la innumerable multitud humana”. No podemos dudar de que toda una realidad invisible de la gracia está actuando, en lo hondo de las conciencias, para inspirar deseos de paz y de comunión. Dios trabaja, María trabaja... porque Dios sufre por todo y María sufre por todo...
Este es el sentido del magnífico texto de Florin que proponemos para esta entrada en la Cuaresma, texto que puede alimentar nuestra mirada y darnos una visión clara de Dios en el meollo de estos acontecimientos. Florin nos hace sentir de forma conmovedora lo mucho que Dios comparte y siente nuestro sufrimiento, hasta qué punto nos inspira y necesita nuestra ayuda Él también: “Dios solo crea comprometiéndose a sí mismo y comunicando su vitalidad. Por eso experimenta todos los sufrimientos de todas sus criaturas, de todas a la vez. Entonces, ¿quién es Dios? Dios está con todos y por eso el primer interesado en la transfiguración del mundo es Dios. En cualquier caso, no puede aceptar que los hombres piensen que los sufrimientos del mundo no le afectan. Dios sufre por todo”.
Con estas contundentes palabras de Florin os deseo una Cuaresma llena de fervor, fe y esperanza renovada. Que tengáis un buen camino hacia la Pascua.
Olivier Sournia
Traducción del francés al español: Beatriz Simó y Pilar Sauquet
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Hay que admitir que Dios sufre.
Dios no es el Todopoderoso ni el Bienaventurado que creemos que es.
Florin pronunció estas palabras durante la Semana Santa de 1995, cuando la guerra en Bosnia-Herzegovina llevaba ya tres años y en Argelia se vivía una guerra civil (también llamada “la década oscura” que no terminaría hasta el año 2000). En Ruanda, el drama del genocidio tuvo lugar un año antes, en la Pascua de 1994...
Muchas personas se preguntan de forma dramática: “Si Dios existe, ¿cómo puede existir el mal, el dolor en el mundo? [Leer más...]
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