Overblog Todos los blogs Blogs principales Religión y Creencias
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog
MENU
Blog de Roche d'Or

Blog de Roche d'Or

Comunidad de la Roche d'Or en Besançon y Fontanilles

Publicado en por P. Roger Robert
Etiquetado en : #texto de Roger, #Tiempos de Cuaresma, #cantos

Os voy a hablar de este magnífico texto, a pesar del daño que ha hecho. (Génesis 22,1...18).

Recuerdo, cuando era joven, haber leído cursos de espiritualidad en los que se hablaba de un Dios que podía pedirnos el sacrificio de cosas que apreciábamos. “Observad a Abraham, tomó a su pequeño, a su amado y se fue a ofrecerlo en sacrificio por consiguiente vosotros también, lo que más apreciáis, si Dios os lo pide, no dudéis en darlo”. Este texto del Génesis, por aquel entonces, me parecía bastante normal, “si es Dios quien lo dice”. Pero nos preguntábamos continuamente “¿Doy lo suficiente? ¿No seré avaro? ¿Comparto mi tiempo?” hasta el punto, que la relación con Dios revela una culpa: nos sentimos culpables por no haber hecho lo suficiente, por no hacer más. Así que, este texto del Antiguo Testamento ha hecho daño, porque es como si Dios fuera el enemigo de nuestra felicidad.

Abraham tenía cien años cuando nació el pequeño Isaac. Sara, poco más o menos, cuando los ángeles le dijeron: “El año que viene tendrás un hijo”. Y vino ese hijo que no habían conseguido tener, Dios se lo da. Sara va a concebir e Isaac nacerá, fue el regalo de Dios, la promesa del futuro.

Y he aquí que Dios le dice a Abraham: “Toma a tu hijo, tu único, al que amas, a tu amado, sube al monte y me lo ofreces en holocausto”. Abraham podría haber respondido a Dios: “Yo no te lo pedí, tú me lo diste”. ¿Nos vas a quitar la alegría de nuestros corazones, la luz de nuestras vidas? Tú nos lo diste y ahora ¿nos lo quitas?”. Pero Abraham siempre confió en Dios frente a situaciones imposibles. Como dicen las Escrituras, “tomó la leña y la cargó sobre su hijo”; los Padres de la Iglesia dirán: “llevó su cruz como Jesús”. Y se dirigen hacia el Monte Moria, que significa: “Dios proveerá”. El pequeño Isaac camina junto a su padre, “los dos iban juntos” y el niño pregunta: “Ahí está la leña para el sacrificio, ahí están el fuego y el cuchillo, pero ¿dónde está la víctima que vamos a ofrecer a Dios?” Qué grande la respuesta de Abraham: “Para el sacrificio, para el cordero, Dios proveerá”. Es Dios quien proveerá... ya estamos al pie de la cruz en Jerusalén, “para el sacrificio, Dios proveerá”.

Y llegamos al lugar donde Abraham coge a su hijo y lo ata. Nuestros hermanos judíos no dicen “el sacrificio de Abraham”, lo llaman “la atadura de Isaac”. Isaac se dejó atar. Lo sorprendente de este texto es que el pequeño Isaac se deja atar, se deja sujetar para algo que él desconoce. Pero lo que sí sabe, cuando mira el rostro de su padre, es que se siente amado. Se siente tan querido, que su mismo padre no puede hacerle daño. Abraham ve en el rostro de su hijo una mirada de confianza, ese total abandono y se conmueven sus entrañas, algo está cambiando en él. Antes era su hijo, como si, de cierta manera, le perteneciese, sin embargo ahora ve el rostro de amor de su hijo que tiene esta confianza loca dentro de él. Nunca había visto esta luz en sus ojos, esta luz de Dios. Abraham descubre que este niño lo ama y él también empieza a amarlo. Ambos experimentan un cambio. Antes, era como si su relación fuera como la de todo el mundo: “Estos son mis hijos, son míos, yo los he hecho”. Pero en ese momento, ambos descubren esta alegría que viene de Dios.

El pequeño Isaac es el que se siente amado incondicionalmente. ¿Qué es un hijo? ¿Qué es una hija? No son solo aquellos a los que he dado la vida, son los que, en su rostro, reflejan una confianza sin límites. Es lo que dirá Jesús: “Si no os hacéis como niños, no entrareis para ver lo que llamáis el Reino de Dios”. Abraham al igual que su hijo, recibe esta bondad de Dios y fue su hijo quien se lo desveló mientras estaba en el altar. En esta conmovedora confianza ve algo que viene del cielo. Abraham siente dentro de sí mismo una capacidad de amar, lo que hace que ambos estén en el mismo nivel.

¿Cuál es el significado de este importante texto? Significa que acerca de nuestras representaciones sobre Él, Dios nos dice: “Me hacéis sufrir, pensáis que soy el juez que mantendrá un registro de vuestros pecados, que os vigila y al que tendréis que rendir cuentas. Os hacéis ideas sobre mí y no sé cómo hacer para quitároslas de encima”. ¿Por qué tenemos esta idea de un Dios que podría exigirlo todo de nosotros, arrebatárnoslo todo, hacernos pasar por tribulaciones como para comprobar si vamos a soportarlo?

Dios dice: “¿Cómo voy a liberaros de las ideas que tenéis sobre mí? No sé cómo hacer para libraros de esas falsas imágenes... Me veis como alguien que os vigila, que os pide cosas imposibles. Pues bien, ya que me veis así, voy a interpretar ese papel, voy a comportarme con arreglo al disfraz que me habéis puesto, voy a interpretar pues, a ese alguien cruel: “Coge a tu hijo, a tu único y me lo ofrecerás en holocausto”.

Dios está sujeto a las representaciones que tenemos de Él. Pero en el momento en que Abraham está a punto de cortar el cuello de Isaac, Dios exclama: “¡Detente! ¡Para! No pongas tu mano sobre el niño. ¡No lo toques!... Me has hecho interpretar este papel. ¿Ves lo que pasa ahora? No, no lo ves. Tu hijo al que amas, no le hagas daño. Me mirabas diciendo: Dios siempre pide más. “Hay que darle esto, debo darle aquello”. Existe ese miedo de Dios y aunque le digamos que lo amamos, finalmente no estamos tranquilos ante Él. Así que Dios está obligado de interpretar el papel hasta el momento en que... “¡No, no hagas daño al niño!”

¡Claro qué no…! Dios no es alguien que nos obligue a nada. No puede hacernos daño. Dios es lo más íntimo, lo más amoroso y de forma continua.
 

Roger Robert
25 de febrero de 2018


Traducción del francés al español:  Beatriz Simó y Pilar Sauquet
 

"Marche humblement avec ton Dieu", CD Tissage d'or 4 (Communauté de la Roche d'or)