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Florin pronunció estas palabras durante la Semana Santa de 1995, cuando la guerra en Bosnia-Herzegovina llevaba ya tres años y en Argelia se vivía una guerra civil (también llamada “la década oscura” que no terminaría hasta el año 2000). En Ruanda, el drama del genocidio tuvo lugar un año antes, en la Pascua de 1994...
Muchas personas se preguntan de forma dramática: “Si Dios existe, ¿cómo puede existir el mal, el dolor en el mundo?
Pues bien, si el mal no es lo que experimenta Dios allí donde lo hay -imaginaos, qué acumulación- es que Dios es un monstruo. La respuesta cristiana que debemos atrevernos a dar es la que da San Pablo y San Juan y la que dan los santos místicos. Dios no es el Todopoderoso que creemos, Dios no es el Omnisciente que creemos, Dios no lo sabe todo.
Dios no es el Bienaventurado que creemos que es, ¡no! En el cielo no se es plenamente feliz. Podemos serlo, pero con esperanza, porque el horizonte del cielo es tan claro que podemos ver que finalmente, todo acabará conduciendo al mayor bien de todas las criaturas en Dios, pero no ocurrirá de la noche a la mañana.
Por ello, en Dios, no se puede uno tomar una caña en la terraza cruzado de brazos mientras hay una guerra en Bosnia, mientras pasa esto o aquello en Argelia o en otros lugares. María no es la bienaventurada que creemos que es. No vamos al cielo a descansar, el cielo está ocupado y preocupado por lo que ocurre en la tierra. Y si queremos que la gente del cielo sea más feliz, debemos luchar contra el mal, ya que ellos mismos -en y con el Espíritu Santo de Jesús- se esfuerzan por inspirarnos todo tipo de inventos y progresos para hacer retroceder el mal físico, el mal moral en todas sus formas.
Dios solo puede ser feliz si su creación triunfa. La creación puede ser feliz no solo si triunfa, sino más bien cuando ofrece a Dios la dicha de ser victoriosa. Estamos en plena transformación, en pleno esfuerzo, en medio del combate. Si en el cielo están felices con lo que pasa en Bosnia, con lo que pasa en Chechenia, con lo que pasa en Camboya, con lo que pasa en Argelia, entonces el cielo es una monstruosidad.
Entonces, ¿quién es Dios? Por supuesto que es el mendigo del Amor. Dios no es lo que creemos y el misterio de Dios nos lo revela Cristo: “El que me ve a mí, ve al Padre”. Dios necesita del hombre. Pero ¿quién es Dios? Todo el Evangelio nos permite entrar en la visión de Dios que ninguna teología, ninguna filosofía es capaz de presentarnos, porque lo que os digo es escandaloso: Dios, el Creador de su Madre, necesita entrar en su útero para adoptar el tamaño de un bebé y venir al mundo. Pero finalmente, ¿quién es Dios? “El que me ve a mí, ve al Padre...”
Si pudiéramos escapar de estas imágenes falsamente grandiosas sobre Dios y entrar en la verdadera humildad de la Presencia Divina que, desde el interior, hace que las criaturas se hagan a sí mismas al igual que Él hecho Hombre va a estar haciéndose constantemente. Es una de esas cosas apasionantes cuando se lee el Evangelio ver cómo progresó Jesús. El Evangelio nos lleva a una audacia de fe que no se conoce en lugar alguno. Dios solo puede ser dichoso si todos somos dichosos y victoriosos, en comunión con Él. Hasta entonces, Dios está en un estado de esperanza. Sea como fuere, Él sufre por todo.
Dios no solo es testigo de las cosas, sino que las experimenta desde el interior, ya que Dios no crea a sus criaturas por imposición externa. Dios solo crea comprometiéndose Él mismo y comunicando su vitalidad. Por eso experimenta todos los sufrimientos de todas sus criaturas, de todas a la vez. ¿quién desearía estar en su situación?
Entonces, ¿quién es Dios? Dios está con todos y por eso el primer interesado en la transfiguración del mundo es Dios. En cualquier caso, no puede aceptar que los hombres piensen que los sufrimientos del mundo no le afectan. Dios sufre por todo. Jamás ninguna criatura es desasida de su Creador. Pero como Dios vive en el corazón de sus criaturas, todo lo que ellas viven o no viven, todo lo que sufren, todo lo que experimentan como gozo o alegría, todo esto repercute inmediatamente, es decir, sin ningún intermediario e internamente en Él, Dios está con los latidos de su creación.
Así que adivinad un poco a qué se ha comprometido Dios y no se rinde, no desespera. Comprended que debemos acudir en ayuda de nuestros hermanos, comprended que debemos acudir en ayuda de Dios, comprended que el segundo mandamiento es similar al primero. Preguntaros por una vez por qué el segundo mandamiento: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” es similar al primero: “Amarás a tu Señor con toda tu alma, con todo tu corazón, con todas tus fuerzas y con toda tu mente”. ¿Por qué son similares estos dos mandamientos? Porque Dios y el hombre son uno en el otro. Y ésta es la visión cristiana y ésta es la respuesta al problema del mal. Juntos, con Dios, saldremos de esto, nos llevará tiempo, pero lo conseguiremos.
Dios necesita a los hombres, necesita a sus criaturas, Dios es uno con nosotros. Esto es lo que San Pablo llama “el escándalo de la cruz”. Sí, cuando luchamos contra el sufrimiento y el mal, es en Dios y con Dios con quien luchamos, es a Dios a quien apoyamos, a quien aliviamos en el enfermo, etc… Todo es uno; Dios y el hombre, el hombre y Dios, y cuando el sufrimiento haya desaparecido para ambos, entonces serán dichosos los dos, pero nunca Dios será feliz por su parte y los hombres infelices por otra, como solemos creer “por aquí” ...
Florin Callerand
12 de abril de 1995
Traducción del francés al español: Beatriz Simó y Pilar Sauquet
"Qui demeure à l'abri du Très_Haut (Psaume 90)", CD Tissage d'or 6 (Communauté de la Roche d'Or)
Para ver la letra en francés de la canción "Qui demeure à l'abri du Très-Haut (Psaume 90)"
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