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Ya estamos a mitad del verano. Las cosechas llegan a su fin, las vendimias se preparan, los frutos se recogen en abundancia, la canícula parece haber remitido y la lluvia bendice la tierra sedienta. Para algunos, las vacaciones no han hecho más que empezar; para otros, ya han vuelto a su destino habitual.
Por una curiosa coincidencia litúrgica, la siembra y la cosecha vuelven una y otra vez a nuestras celebraciones. La Palabra de Dios parece vibrar al unísono con estos días de verano, como una invitación apremiante a visitar nuestros espacios íntimos, donde la música invade nuestras almas y el sentido de nuestras vidas, esas que llamamos “ordinarias”.
Un día, celebrando una liturgia ordinaria encontramos este texto de Florin que hoy os ofrecemos. Es un poco como el pan y el agua que se le ofrece a un caminante diciendo: “Siéntate, come, bebe, mira, empápate antes de reemprender la ruta”.
“El sembrador esparce la Palabra… La Buena Tierra no es sólo el hombre, la Buena Tierra no es sólo el Espíritu Santo, la Buena Tierra es el hombre con el Espíritu Santo, el Espíritu Santo con el hombre, y recibiendo la Palabra, la doble memoria del hombre y del Espíritu Santo, como la Buena Tierra, ciñe la semilla, la rodea, la calienta, la empapa echando la semilla raíces, en lo profundo, y la Tierra franquea la semilla”. Florin CALLERAND
A Olivier le gusta predicar en los jardines de La Roche d'Or: en medio de las flores y los frutos, la palabra adquiere un sabor que la impulsa suavemente a lo íntimo de cada persona. Seguramente por eso nos gusta invitaros a un tiempo de cosecha, de recolección, un Sabbat del séptimo día, el Sabbat del descanso, el Sabbat del don de la Paz.
Dentro de unos días celebraremos la fiesta de la Asunción de María. Solemos decir que la semana del 15 de agosto es nuestra segunda Semana Santa después de Pascua y antes de Todos los Santos. Este año se clausurará con un retiro sobre la Celebración Mariana. En el Amén de Monteverdi (1), la voz de Florin, que se escucha cada semana en el himno final, resonará especialmente con estas palabras:
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Y llegará pronto la Hora Esperada
En la que Tu misión se realizará
El gozo de la Mies y de la Vendimia Universal
de un mundo al fin maduro al Sol del Amor,
El tiempo de la Cosecha,
rica de lejanas Siembras
TU ALEGRÍA SERÁ NUESTRA ALEGRÍA,
Sembradora-Cosechadora,
Granero del cielo lleno de gavillas humanas…
¡Gozosa “Jerusalén Celeste”!
Ciudad de Dios, Armonía de Paz.
Alegría reverdecida de valles antaño áridos,
Desierto Floreciente
en donde corre “el Río de Vida”,
Manantial abundante
al pie del “Árbol del paraíso” …
¡Antorcha que llevará la Luz sin ocaso
del Rostro del ETERNO!
Os deseamos una hermosa fiesta.
Danièle VALÈS
Traducción del francés al español: Beatriz Simó y Pilar Sauquet
Por una abundante cosecha...
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Mateo 13,18...
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: “Escuchad la parábola del sembrador. Sucede a todo el que oye la Palabra del Reino y no la comprende, que viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: éste es el que fue sembrado a lo largo del camino...
La buena tierra no es sólo el hombre. La buena tierra es el Espíritu Santo dado al hombre y el hombre dado al Espíritu Santo. Es uno en el otro. Es capital que el Espíritu Santo y el hombre que recibe la Palabra trabajen juntos. Ahora bien, el Espíritu Santo es esencialmente el recuerdo en acción. El hombre, que siempre tiende a olvidar, se convierte en memoria con el Espíritu Santo que es memoria. [Leer más...]
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