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Blog de Roche d'Or

Blog de Roche d'Or

Comunidad de la Roche d'Or en Besançon y Fontanilles

Publicado en por P. Florin Callerand
Etiquetado en : #texto de Florin, #cantos

Mateo 13,18-23

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: “Escuchad la parábola del sembrador. Sucede a todo el que oye la Palabra del Reino y no la comprende, que viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: éste es el que fue sembrado a lo largo del camino. El que fue sembrado en pedregal, es el que oye la Palabra, y al punto la recibe con alegría; pero no tiene raíz en sí mismo, sino que es inconstante y, cuando se presenta una tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumba enseguida. El que fue sembrado entre los abrojos, es el que oye la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas ahogan la Palabra, y queda sin fruto. Pero el que fue sembrado en tierra buena, es el que oye la Palabra y la comprende: éste sí que da fruto y produce, uno ciento, otro sesenta, otro treinta”.

 

La buena tierra no es sólo el hombre. La buena tierra es el Espíritu Santo dado al hombre y el hombre dado al Espíritu Santo. Es uno en el otro. Es capital que el Espíritu Santo y el hombre que recibe la Palabra trabajen juntos. Ahora bien, el Espíritu Santo es esencialmente el recuerdo en acción. El hombre, que siempre tiende a olvidar, se convierte en memoria con el Espíritu Santo que es memoria.

El sembrador esparce la Palabra… La Buena Tierra no es sólo el hombre, la Buena Tierra no es sólo el Espíritu Santo, la Buena Tierra es el hombre con el Espíritu Santo, el Espíritu Santo con el hombre, y recibiendo la Palabra, el doble recuerdo del hombre y del Espíritu Santo, como la Buena Tierra, envuelve a la semilla, la rodea, la calienta, la empapa echando raíces la semilla ahí dentro y la Tierra penetra en la semilla
y el resultado es el fruto que va a dar. Todo este fenómeno no se establece si el hombre no sabe que el Espíritu Santo está actuando en su interior, rememorando la Palabra: la recoge, la honra, la ama... Si el hombre no hace lo mismo y al mismo tiempo que Él y con Él, es evidente que no habrá germinación.


Las piedras no se acuerdan de nada, las raíces de las espinas no se acuerdan de nada, ellas tienen su tarea. Las piedras son los matones. Las raíces trabajan para sí mismas y la Buena Tierra acoge, recuerda, presta atención. Entonces la Palabra echa raíces y la tierra pasa a través de esas raicillas al corazón de la semilla. Entonces se produce el fenómeno del crecimiento de un treinta, sesenta, cien por uno. Pero si no honramos al Espíritu Santo dentro de nosotros, convirtiéndonos en recuerdo con Él, estando atentos, volviendo a Él, no sucederá nada en absoluto. Si sólo existe la memoria del hombre, vemos los cerebros de exégetas, los cerebros de historiadores. Saben mucho, están llenos de ello, pero no producen fruto. Pero si las dos memorias vivas están una en la otra, si lo acogemos con el Espíritu Santo, si permanecemos con el Espíritu Santo que, permanece, es asombroso lo que se vislumbra, es asombrosa la inspiración, es asombroso lo que nos espera, es asombroso el fruto que dará... treinta, diez, quince, veinte… Nos sorprenderemos al ver lo que se está produciendo, una indiscutible cosecha. Pero si no hay eso...

¿Sabéis lo que significa “defensor”? ¿Sabéis lo que significa "Paráclito" en griego? Ahí está mi recuerdo llamando a la memoria del Espíritu Santo, diciéndole:

- “Ven Espíritu, he recibido una semilla ¿qué hago con ella?”
- "Espérame, vengo a ayudarte, vamos a descascarillarla, vamos a cavar”.


¿Veis lo que significa paráclito? Es aquel a quien llamamos en ayuda porque estamos fuera de servicio con nuestra propia memoria, con su calidad de trabajo. Por eso Jesús dice que es el defensor, el paráclito. Así es como nos da consuelo. Entonces él viene, su memoria penetra la mía, y de repente puedo ver con claridad. La palabra se aviva, la Palabra de Jesús cobra vida y tenemos un fruto que rinde los treinta, los cuarenta... Veo con claridad y puedo compartir un poco, de lo contrario, estoy inmóvil.

Invocad a María, invocad al Espíritu Santo sobre la Palabra que cae en vosotros. Si no, ¿qué queréis hacer vosotros solos con esta Palabra? ... Algo insignificante, exégesis, ciencia, análisis... descomponer palabras. Dicho de otro modo, no saldrá completamente nada. No habrá germinación, no habrá ardor, no tendrá sentido, no poseerá ni inteligencia, ni será brillante, no será nada en absoluto. No tendremos nada que decir. ¿Comprendéis un poco lo que intento deciros a partir de la Palabra?

Tenéis que invocar al Espíritu Santo para lo que puede hacer: así pues, ven Espíritu Santo, ¿me abres a todo esto? ... Entonces vuestra memoria, su memoria, he ahí el grano de trigo que os dará treinta de una vez.


Jesús dijo: “Os enviaré otro Paráclito”. ¿Qué significa eso? ¿Qué significa? Significa que hay dos. Significa que Jesús fue el primer paráclito. Significa que el Espíritu Santo es el segundo paráclito. Se suceden el uno al otro. Cuando miráis a Jesús en el Evangelio, ¿qué veis? aunque sólo sea en relación con la parábola del sembrador. Jesús cuenta la parábola del sembrador. Allí tenéis a los apóstoles pasmados, como hitos kilométricos... Al volver a casa de Pedro, en Cafarnaúm, los discípulos se acercaron y le dijeron: “¡Explícanos las parábolas!”. Lo llamaron. Le dijeron a Jesús: “¡Ven y explícanoslas!”. Jesús hace de paráclito sobre la parábola del sembrador. El recuerdo de los discípulos es incapaz de captar lo que contiene. Así que piden ayuda a Jesús. El papel del paráclito es de venir a dar explicaciones. Porque Jesús recuerda la Palabra que proclamó, al menos tan bien como los discípulos que la oyeron. Los discípulos no la comprenden. Jesús les dice: “¿Por qué les hablo en parábolas? Tienen ojos y no ven, es una manera de abrirles los ojos”. Luego entra en los detalles de la parábola.

Ahora tenemos otro paráclito, el paráclito interior, el don del Espíritu de Jesús. Si no lo invocamos, si no hacemos lo que hicieron los discípulos en relación con Jesús para tener explicaciones y así fructificar, no hay nada que podamos hacer, sólo con nuestro recuerdo no saldremos de ésta. Por eso la Palabra de Dios está muerta en la mente de la mayoría de las personas que la reciben. Así que tenemos que invocar al Espíritu Santo y luego permanecer con él, en la palabra, en la expresión.


Florin CALLERAND
28 de julio de 1989

Traducción del francés al español:  Beatriz Simó y Pilar Sauquet

"Levez les yeux et voyez", CD Tissage d'or 1 (Communauté de la Roche d'or)