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Blog de Roche d'Or

Blog de Roche d'Or

Comunidad de la Roche d'Or en Besançon y Fontanilles

Publicado en por P. Florin Callerand
Etiquetado en : #texto de Florin, #comentario sobre los escritos de P. Teilhard de Chardin

El Panteísmo -todo es Dios- nos seduce con sus perspectivas de unión perfecta y universal. Pero en el fondo, si fuera cierto, sólo nos daría fusión e inconsciencia, ya que, al final de la evolución que cree descubrir, los elementos del Mundo se desvanecen en el Dios que creen o que los absorbe...” (*)

Algo así como la lluvia del cielo que cae en el océano. Intentad encontrar las gotas de lluvia una vez que han caído en el océano. Esas gotas se han convertido en océano. Así que el Panteísmo os va a proponer una sensación de desaparición, de engullimiento en el “Todo”, vosotros formáis parte de ese “Todo”. No se puede decir que una gota de agua es una parte del océano, ella está anegada en él, el océano la invade, eso es todo.

Pero no es así, al contrario, y según un principio muy querido por TEILHARD de CHARDIN, la unión con un Dios diferenciado: cuanto más nos unimos verdaderamente a Dios, más nos tipificamos, más nos caracterizamos, y no nos confundimos:

Nuestro Dios, por el contrario, lleva al extremo la diferenciación de las criaturas que reúne en sí mismo. En el punto álgido de su adhesión, los elegidos encuentran en Él la consumación de su realización individual. Sólo el cristianismo salva con los derechos del pensamiento, la aspiración esencial de toda mística: unirse (es decir, pasar a ser el Otro) permaneciendo uno mismo”. (*)

Puede haber parejas fusionales en las que cada uno esté alienado del otro. Con Dios, esto es imposible. La unión diferenciada. Cuanto más os entregáis a Él, más os planta en vosotros mismos, y por eso el diálogo es posible. Con Dios, cuanto más os unís a Él, más diferentes os volvéis, más crecéis, y eso es una alegría para Dios y una alegría para vosotros.

“Para su mirada sensibilizada, es cierto, el Creador y aún más precisamente el Redentor, se han sumergido y expandido en las cosas hasta tal punto que, en palabras de Santa Ángela de Foligno, ‘el Mundo está lleno de Dios’...
... El inmenso encanto del Medio Divino debe, en definitiva, todo su valor concreto al contacto humano-divino que se reveló en la Epifanía de Jesús...”. (*)

Este Dios-inmenso, este Dios-Todo, este Dios-Creador, este Dios-oculto apareció en el Tiempo de la Historia y fue Jesús de Nazaret. Durante los 33 años de su vida, una aparición de Dios, y es este mismo Dios quien, habiendo pasado a la Resurrección en el interior del universo, viene a vuestro encuentro, os reúne. Y es con Él con quien vais a relacionaros.

“Si eliminamos la realidad histórica de Cristo, la omnipresencia divina que nos embriaga se asemeja a todos los demás sueños de la Metafísica: inciertos, vagos, convencionales, - sin ningún control experimental decisivo para imponerse a nuestras mentes... A partir de entonces, por deslumbrantes que sean los realces que intentaremos en un instante discernir en el divino Resucitado, su encanto y su textura de la realidad quedarán siempre a la merced de la verdad palpable y controlable del acontecimiento evangélico...” (*)

Veis cómo vamos avanzando con TEILHARD de CHARDIN en el conocimiento de Dios. El punto de referencia de este Dios oculto, de este Dios secreto, son las páginas del Evangelio. Pero aquí, podemos decir que son muy pocos los cristianos que se atreven a mirar estas flores, ya que están aquí sobre la mesa, y ver algo de Cristo resucitado. Muy pocos cristianos se atreven a mirar a la Virgen María en estas flores. Hablar de un Dios omnipresente puede ser incluso una trampa, dice TEILHARD de CHARDIN, porque entonces el conocimiento que se tiene de este Dios es muy vago. Pero si os referís al Evangelio, Aquel que está oculto en secreto al mundo, es Aquel que apareció durante los 33 años y que la Iglesia os presenta en los Evangelios. Atreveos a hacer este giro, este cambio: Dios, Cristo resucitado, Cristo histórico, y empezareis a tener esta visión mística.

El racionalismo se opone a esto. En este retiro se me planteó la cuestión: “su relación con Cristo resucitado, ¿cómo lo ve usted? ¿Y cuál es nuestra relación con los discípulos de Jesús? Los discípulos de Jesús pasaron tres años viviendo codo a codo con Jesús, conociéndole, escuchándole, viéndole... Y luego, desapareció. Y en la Resurrección, ¿dónde volvieron a encontrarle? En su interior, en forma de inspiraciones del Espíritu Santo que Él les daba. Sí, pero con San Pablo, vamos a progresar y veremos en las epístolas de la cautividad, a los Efesios y a los Colosenses, que Pablo está sumergido en Cristo, por todas partes.

Atreveos a mirar las estrellas viendo en ellas las sonrisas del Jesús histórico; atreveos a mirar el sol viendo en él el resplandor del Jesús histórico; atreveos a mirar un manantial, en su murmullo, en su delicadeza que quita la sed y atreveos a mirar en él una proyección... Él está presente, el Cristo de la Historia, transfigurándose en todos los elementos de la Creación. Esto cambia evidentemente la naturaleza de vuestros paisajes, de vuestros campos de trigo, de vuestra labranza, de vuestra jardinería, de vuestra cocina y de todo lo demás. Haciéndolo todo en Cristo, y por supuesto, porque Él pasó a ser inmenso, y en su inmensidad, se llevó todos los detalles de su existencia terrena.

… su encanto y su textura de la realidad quedarán siempre a la merced de la verdad palpable y controlable del acontecimiento evangélico… El Cristo místico, el Cristo universal de San Pablo sólo puede tener sentido y valor a nuestros ojos como expansión del Cristo nacido de María y muerto en la Cruz. De éste, de aquél, extrae esencialmente su cualidad fundamental de ser incontestablemente concreto”. (*)

...Éste... aquél... el Cristo místico, el Cristo cósmico extrae su realidad del Cristo histórico y tenemos al Cristo de ayer, de hoy... en todas las cosas. No es necesario ir a una capilla, ni siquiera ante el Santísimo, porque la materia, en todas sus formas de evolución, está llena de Dios, llena del Cristo-Dios histórico, que transfiguró su Cuerpo y le dio una co-extensión total, penetrante y envolvente con las criaturas. El mundo está cristificado y cada vez más. ¡Bienaventurados los ojos que saben ver!

Jesús dijo a sus discípulos: “Os conviene que me vaya...”. Pablo no dudará en decir: “A Cristo, según la carne, ahora ya no lo conozco así porque, cuando estaba en la carne, se encontraba en tal o cual forma y en tal o cual lugar, pero ahora Cristo total, Cristo propagado en el mundo...” El mundo está revestido, en su interior, del Cristo universal.

“En la medida en que nos dejamos impulsar a los espacios divinos abiertos a la mística cristiana, no nos alejamos del Jesús del Evangelio, al contrario, sentimos una necesidad creciente de envolvernos cada vez más sólidamente en su verdad humana”.

Este lenguaje puede resultar un poco difícil, pero tenemos que oírlo al menos una vez para acostumbrarnos a él. Parece que estamos tan privados de la Presencia de Jesús que creemos que sólo podemos encontrarle después de la muerte, en el Cielo, o sólo encontrarle en el sacramento de la Eucaristía, mientras que todas las criaturas son como sacramentos del Cristo del Evangelio.

Así que, con el Evangelio en la mano, habría que ir a escalar las montañas, a pasear por el bosque, a viajar por el mar e interrogar a las criaturas. Todas os responderían: “Es Jesús quien habla, estoy contigo. Te hago señas. Estas olas del océano, estos peces que saltan hacia ti, estos delfines, estas calas, estas bahías en el relieve de las costas...”. Cómo puede haber algo que no esté impregnado en su interior de la Presencia de Cristo Resucitado, puesto que Él es el Dios Creador que apareció en el Tiempo con esta aparición carnal que recibió de María, y entró en la profundidad del Acto Creador, el mundo poblado por Dios. Dios desde que se encarnó es Hombre; es el Hombre universal, este Dios, que está así, presente en el interior de todas las criaturas.
 

Los hay que piensan que a Cristo sólo se le puede encontrar en una catedral, en una iglesia. Lo encontramos en la catedral de los árboles, en los bosques, en la catedral de las montañas, lo encuentras en todas partes. Aquí y allá, Él sufre, llora, se entristece. Le vemos herido: “Lo que hagáis al más pequeño de mis hermanos, a mí me lo hacéis”. Pero estar convencido de la Presencia universal del Cristo histórico es algo que casi nunca se dice, y es ciertamente la mística más profunda de TEILHARD de CHARDIN: encontrar a Cristo en todas partes... encontrar a María en todas partes. Pero es evidente que tenéis vuestro propio estilo, y sin embargo estáis llenos de Él. Y si descendemos al fondo de nosotros mismos, diremos con san Pablo: “Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí”. Lo cual no significa que Pablo desaparezca, se eclipse, lo que significa es que Pablo toma conciencia de que su Cristo está con él.

Oh, qué situación de gozo para el hombre cristiano, cuando, por fin, descendiendo dentro de sí mismo y viendo la profundidad de cualquier criatura, puede decir: “Te saludo Señor Jesús. Buenos días, Virgen María” ¿Qué hacemos juntos? No somos huérfanos, arrojados al mundo, estando Dios en el lejano Cielo: Él habita en la Tierra, Cristo continúa su encarnación en el interior de todas las criaturas por la prolongación de su misteriosa ascensión en todas las cosas. Pero nosotros somos prisioneros de las dimensiones espaciales y creemos que Jesús ascendió al Cielo por una especie de fenómeno aspiratorio que le elevó al otro lado de las nubes. ¡En absoluto! La Ascensión es la desaparición de Cristo viviendo en el interior de todas las criaturas. Nos corresponde a nosotros, con los ojos de la fe, descubrirlo.

La vida mística es un fenómeno de clarividencia de Dios creando, de Cristo salvando, de Espíritu Santo asistiendo, en uno mismo, en los demás, en todas las criaturas. No hay ser que no pueda hablarnos de Dios, que no pueda dárnoslo por contagio. Él no se fusiona con ninguna criatura, sino que las habita, las enciende con Su propia energía y nos la comunica. Y así es como ya somos capaces de hablar con Dios, de hablar con Cristo. ¿2000 años de distancia entre Él y nosotros? En absoluto. La inmediatez de Su Presencia. Así es como se escapa del panteísmo que os arrastra a la indistinción. Mientras que aquí, el alma del mundo, como diría Teilhard de Chardin en otro lugar, es el Hijo de Dios, el Hijo de María.

Florin CALLERAND
26 de marzo de 1992

(*) “El medio divino” de Pierre Teilhard de Chardin


Traducción del francés al español:  Beatriz Simó y Pilar Sauquet

"Comme un arbre", CD Tissage d'or 5 (Communauté de la Roche d'or)