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Jesús dijo a sus discípulos: “Estén ceñidos vuestros lomos y las lámparas encendidas, y sed como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran. Dichosos los siervos, que el señor al venir encuentre despiertos: yo os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá. Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos de ellos!”
Lucas 12,35-38
Esta parábola hace referencia al itinerario de Jesús yendo a Jerusalén. ¿Dónde la contó? ¿En algún lugar de Galilea, en Samaría, en una casa donde le dieron hospitalidad? No lo sé, no lo sabemos. Sea como fuere, Jesús aprovechó la ocasión. Tal vez había allí un campesino que estaba quemando heno seco o malas hierbas. “He venido a traer fuego a la tierra y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo!” Jesús se sirve de todo para enseñar.
Por eso quiero empezar con este Evangelio, aunque sólo sea por su brevedad… Es una forma de seguir los pasos de Santa Teresa del Niño Jesús, que a lo largo del día recogía aquí y allá unas palabras del Evangelio. Podemos coger un acontecimiento, hacemos una pequeña reflexión sobre él, luego construimos una pequeña parábola para nuestro hermano. ¡Convertíos en un evangelista andante! ¡Inventad pequeños flashes del camino! Inventad parábolas con todos los acontecimientos.
Ahora releamos esta parábola. ¿Cuál es la palabra clave en este trocito de evangelio que hemos leído? "¡VELAD! ¿La palabra “velar” os hace pensar en el fuego? ¿Quién de vosotros pensó en el fuego cuando leyó la palabra velar? ¿Cómo velamos? ¿Qué significaba velar en tiempos de Jesús? ¿Cuál es el sinónimo de velar? “Mantener encendidas vuestras lámparas”. Sí, es una cuestión de fuego. Jesús dijo: “He venido a prender fuego en la tierra y cuánto deseo que ya esté ardiendo”. ¡Eso es!
¿Cuál es el fuego que nos mantiene despiertos? La lamparita a cuya luz podemos leer la Palabra de Dios. Porque no se enciende una lamparita porque sí. Hoy día, somos tan derrochadores que nos gusta dejar las lámparas encendidas... “¡Mantened encendidas vuestras lámparas!” ¿Qué hay detrás de este pasaje? Y también sobre lo que dice Jesús: “He venido a prender fuego en la tierra”.
La respuesta clásica es que hay que tener mantener el sentido escatológico. Un cristiano es alguien orientado hacia el fin del mundo y que espera el regreso del Señor, es decir su manifestación. Sabemos lo que decía Teilhard de Chardin: “cristianos, veinte siglos después del acontecimiento, ¿qué hemos hecho de la espera?” ¿Se puede encontrar hoy algún cristiano que piense en el fin del mundo? ¿Y qué significa el fin del mundo para San Lucas? San Lucas sabe lo que es el regreso del Señor y cómo regresa el Señor. ¿Cómo vendrá? “El Señor sólo vendrá, decía Teilhard de Chardin, si realmente Le esperamos”.
¿Por qué la Encarnación? Porque María tenía "su lámpara encendida" y leía a los profetas. Y aunque no supiera leer, aunque no tuviera su lámpara encendida, esperaba, oía hablar de ello, lo guardaba en su corazón, hacía honor a las palabras del profeta Isaías, del profeta Jeremías, del profeta Miqueas. ¿Cuándo Señor? ¿Cuándo Señor? María tenía su lámpara encendida: el deseo... Y cuando la lámpara está encendida, el Señor viene. Eso es maravilloso, y nos lleva inmediatamente a lo que llamamos la escatología del tiempo presente. Está muy bien la escatología del fin del mundo, mantener viva la esperanza y con Teilhard de Chardin, ver que la evolución nos lleva hacia el punto Omega. Debemos anhelar esta comunión de todas las cosas en el Cristo final, que es lo que encontramos en la epístola de San Pablo. Por supuesto, existe la esperanza del Cristo total, del Cristo final que construimos día a día. Tenemos que ser conscientes de que la evolución no puede hacerse automáticamente. Para que las cosas avancen, y para que el rostro de Cristo tome el rostro del cosmos y de una humanidad renovada, necesitamos una participación lúcida por parte de la humanidad.
Sí, pero para nuestro hoy, la manifestación de la gracia: Cristo que dice “¡Soy Yo!” y que nos muestra sus manos traspasadas, su costado abierto. “No tengáis miedo, soy Yo, estoy en la otra orilla”. “La lámpara encendida”, ayudaros de vuestro Evangelio como lo utilizaron San Pablo y San Lucas, tomad “la lámpara encendida y permaneced preparados, estad listos”, ceñidos de las palabras del Evangelio y aparecerá el Señor en medio de la noche. Y ese es el sentido de tener el rosario en la mano, incluso cuando te vas a dormir: María es una lámpara encendida y en medio de la noche, porque tenéis el rosario en la mano -no se trata de decir “Ave Marías”, sino de tomar conciencia-, de repente te das cuenta de que el Señor está ahí, de que está presente, de que tu vida tiene un sentido, eres su criatura, viene a visitarte, está de Servicio, pasa a tu lado y te presenta el plato del Espíritu Santo, y ahí estamos con un nuevo conocimiento de Dios, una nueva intuición de la gracia.
Mantened “vuestra lámpara encendida”, tened vuestro Evangelio, volved a él una y otra vez, leed a San Pablo, los Hechos de los Apóstoles, escoged lo que queráis, un salmo... “Mantened vuestra lámpara encendida”, y el Señor aparece y es Él quien está al Servicio y os da un impulso del Espíritu Santo, una luz para el día que tenéis por delante. Id de fin del mundo a fin del mundo con “vuestra lámpara encendida”, que es el deseo de... pero en compañía de la Palabra.
Reitero, “¡Viva el último fin del mundo!”, claro que vamos hacia... Pero están los pequeños fines del mundo sin los que no podemos vivir y que son las apariciones de Jesús que surgen del texto, como si se dejara ver para decir: “Soy yo el que estoy con vosotros”.
Jesús vino a encender este fuego, el cirio de Pentecostés, pero es para iluminar la Palabra de Dios y para que nosotros encontremos la presencia en el sacramento de la Palabra. Quiere decir, que tenemos que tener una increíble veneración de la Palabra de Dios. A menudo encendemos la luz y leemos una frase y el Señor aparece, quizás no en ese momento... en medio de la noche, es decir, dos horas después, de repente os penetra una inteligencia profunda y ese es el regreso del Señor. Él vuelve una y otra vez, siempre que tengamos “la lámpara encendida” y estemos comprometidos a leerla. Pero si no tenemos lámpara, si estamos dormidos, por mucho que llame a la puerta, no le oiremos.
Entonces, el Señor se pone a servir: “Sentaos”, y nos da un haz de luz, de inteligencia de Espíritu Santo extra, y eso todos los días y varias veces al día.
Florin Callerand
20 de octubre de 1992
Traducción del francés al español: Beatriz Simó y Pilar Sauquet
"Chantez car le ciel est en fête !", CD Tissage d'or 1 (Communauté de la Roche d'or)
Para ver la letra en francés de la canción "Chantez car le ciel est en fête !"
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