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Esta tarde, mientras me preparaba para la velada de Nochebuena, resonaban en mí estas dos palabras:
La primera, da la impresión que no tiene nada que ver con Navidad. Fue el día en el que Jesús estaba hablando en el patio del Templo de Jerusalén y le envían soldados para detenerlo. La gente está a su alrededor, muy apretada, y los soldados se ven obligados a abrirse paso. Pero mientras se abren camino lo oyen, lo escuchan y cuando regresan para informar a los Doctores de la Ley, que les dicen: “¿No lo traéis con vosotros?”, estos hombres responden: “Ningún hombre ha hablado jamás como este hombre”.
Nunca un hombre ha hablado como este hombre. Siento una gran admiración por Aquel que supo, que sabe hablarnos de Dios de tal manera, que cuando Juan escribe su Evangelio, dirá: “Él es la Palabra”. Dios habla. Para poder hablar es necesario un impulso interior. Dios habla... y ¿cómo habla? Aparentemente, como un ser humano. Pero ¿habla de alguna otra forma? Habla, se manifiesta constantemente a través de toda su vida. De hecho, no sabemos nada de Dios, excepto que Él, Jesús, nos lo ha mostrado en sus gestos, en sus palabras. Nos lo ha mostrado, Él es la expresión de Dios no solo cuando en su edad adulta. Es la maravilla de la inteligencia de la Iglesia la que nos dice: “Para que este hombre haya muerto en la Cruz, tuvo que nacer primero”. Dios habla a través de todo su comportamiento.
Cuando solo era un embrión muy pequeño, cuando fue un feto, cuando nació, cuando fue un niño, un joven adolescente, un hombre y luego un trabajador… Un día empezó a hablar con nuestras palabras, pero antes ¿era mudo? No, todo habla de Él. Aunque no tengamos palabras ni conocimiento sobre Dios, lo tenemos a Él. Todo lo que sabemos de Dios es a través de Él, desde el momento de su concepción hasta después de su muerte, su resurrección y el don de su alma a sus discípulos para que pudieran finalmente conocerlo desde dentro. Él habla con toda su vida.
En esta Nochebuena, hay algo entrañable y sorprendente a la vez. Dios: ¡un bebé! Todavía estoy oyendo al sacerdote de Nazaret decir: “No nací judío, ni árabe, nací siendo un bebé”. Las personas que tienen todo tipo de concepciones acerca de Dios, que se formaron en un molde de ideas, tienen dificultad para pasar de la imaginación sobre lo que es divino a esa mirada puesta en un recién nacido. Dios: un bebé. A través de todo lo que es habla con toda su vida.
Cada cual oye como puede, ve lo que puede ver. Aunque sepa muchas cosas, el saber no me hace necesariamente vivir. Lo que me hace realmente vivir es una intensidad de alma que se convierte en luz íntima. Y esta intensidad de alma que Dios nos comunica se manifestó a través de un recién nacido al que su madre envolvió en pañales y acostó en un pesebre.
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Dios, un bebé. Jesús dirá más tarde y en ello está la clave: “Quien a Mí me ve, ve al Padre”. Dios es un recién nacido. El Padre no es mayor que el Hijo. Dios ha nacido como un bebé. Un bebé que mostrará su alma, esa alegría que surge de la ternura que le manifestamos. Tendrá sensaciones alegres que le harán sonreír, pero también dolor cuando le haga daño la barriga. Dios: un bebé. Un Dios pasa por lo mismo que nosotros, que aprende de nosotros, un Dios que recibe de nosotros la misma humanidad para decir quién es. Este recién nacido lo dice todo sobre Dios. Nos gustaría tener algunas nociones más reflexivas, poseer, de algún modo, un saber sobre Él. Dios es un bebé. Contemplemos al Niño.
La segunda cosa, es que nunca podría haber estado con los pastores que corren. Ya me resulta bastante difícil correr, ya me cuesta bastante andar, no digamos correr… “Corramos a Belén y veamos esta palabra realizada...” Yo no puedo correr por fuera, pero corro por dentro, “y encontraron a María y José y al recién nacido acostado en el pesebre” Y de María se dice que ella escuchaba. Ella daba vueltas sobre lo que se decía de su hijo: “¿Quién es? ¿Cómo será? Porque un niño que nace es ante todo un extraño para sus padres y por lo tanto hay que acoger a ese extraño que es ese niño, ese bebé. Un extraño, alguien que no es como yo.
Dios es un extraño y tenemos que acoger a ese extraño extranjero que es difícil de acoger porque echa por tierra todas nuestras nociones sobre Dios. El bebé se deja hacer. María le pone los pañales y lo acuesta en el pesebre.
Esta tarde me dije: “¿Qué es lo que más amo en el mundo? ¿Qué es lo que me mantiene vivo?” La admiración. Si no pudiera admirar, me moriría. Es la admiración por Dios que se manifiesta en la vulnerabilidad, en la impotencia, pero esas ya son palabras grandilocuentes... Dios que habla sin decir nada. Dios que está ahí, que sufre, que solo espera una mirada. Él solo espera una atención, además Él es quien pone dentro de nosotros esos impulsos o esos deseos de contemplación. Es Él.
¿Puedo conocer a Dios por mí mismo? No. Pero, está ese pequeño, un bebé que es la Palabra de Dios. Él es, lo que Dios puede decir de Él. Ahora se ofrece a nuestra mirada. Se entrega a esta apertura del corazón. No hay nada que hacer, excepto, quizás, lo que los soldados experimentaron escuchándolo. Estos hombres de fuerza y de ley se sobrecogieron. Se sobrecogieron hasta el punto que no pudieron detenerlo. Con la cara iluminada, volvieron y dijeron a su jefe: “Jamás un hombre ha hablado así”. Nunca Dios ha hablado ni se ha expresado sino es, a través de la vulnerabilidad de un bebé: “Soy yo”.
Debemos dejar que nuestra mirada se abra paso. Eso es todo y eso es lo que yo pido para vosotros esta noche. Pido la mirada que tenían María y José. San Lucas nos dice: “María escuchaba todo lo que se decía sobre este niño y guardaba todas estas cosas en su corazón”. Ahí, en ese trabajo es donde permito que el otro viva dentro de mí: donde hago surgir su presencia. María conservaba estas palabras como para profundizar en su significado.
Este es el misterio de Dios. Solo hay que dejarse hacer por este recién nacido sin pretender retenerlo. “Jamás un hombre ha hablado así”
Roger Robert, 24 de diciembre de 2017
Traducción del francés al español: Beatriz Simó y Pilar Sauquet
"Réjouissons-nous, un enfant est né !", CD Tissage d'or 4 (Communauté de la Roche d'or)
Para ver la letra en francés de la canción "Réjouissons-nous, un enfant est né !"
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