Lucas 12,35-38
Jesús dijo a sus discípulos: “Estén ceñidos vuestros lomos y las lámparas encendidas. Sed como hombres que esperan a que su amo vuelva del banquete de bodas, para abrirle en cuanto llegue y llame a la puerta. Dichosos los siervos a quienes el amo, cuando llega, encuentra despiertos. Os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y yendo de uno a otro, les servirá. Si vuelve en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos de ellos!
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Un poco más adelante, en este capítulo duodécimo de San Lucas, tenemos este famoso pasaje que deberíamos aprender de memoria (Lucas 12,49): “He venido a traer fuego a la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviera ardiendo!”. Es como si estos dos pasajes se dieran la mano o el brazo y fueran juntos. ¿Qué significa este pasaje? Históricamente, hay que saber que están de camino hacia Jerusalén y que Jesús está enseñando.
Durante el retiro itinerante en Tierra Santa, caminando por la ruta de los Cuernos de Hattin hacia Magdala, a través del Valle de las Palomas, Roger con el grupo de personas del retiro, se detuvo muchas veces y cada vez aprovechaba la oportunidad, -haciéndolo a propósito- para dar una enseñanza, luego caminábamos un rato y volvíamos a descansar, otro rato de marcha y otra vez descansábamos. Esto era sencillamente descubrir la manera de hacer de Jesús con sus discípulos. Jesús solía caminar sin prisas, yendo de un pueblo a otro, y entre dos pueblos separados por solo dos o tres kilómetros, llegaba a encontrar tiempo para hacer dos o tres paradas. Se paraban, se sentaban, tal vez estaban de pie... en un campo, quizás los fariseos estaban por allí, aquí y allá… Jesús estaba con sus discípulos y aprovechaba la ocasión, enseñándoles. Contempla los lirios del campo y dice una palabra sobre ellos, observa los pájaros del cielo, a un pajarito que cayó en una roca, se detiene y dice: “Recapacitad, ha caído en la mano del Padre del Cielo. Vosotros no lo habéis visto pero yo sí”. Jesús enseña en todas partes, por todas partes.
Esta parábola es anunciada durante el viaje de Jesús hacia Jerusalén. ¿Dónde la narró? No lo sabemos. Podemos estar seguros de que fue en algún lugar de Galilea o Samaria. ¿Tal vez en una casa donde se le dio hospitalidad? En cualquier caso, tuvo esa oportunidad. “He venido a prender fuego, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo!” Tal vez había un agricultor por ahí quemando heno seco o maleza. Jesús se sirve de todo, enseña, proclama.
Leamos de nuevo esa parábola. ¿Cuál es la palabra importante de este pequeño fragmento de evangelio que hemos leído?: Velad ¿Quién pensó en el fuego cuando leyó la palabra “velad”? ¿En qué consiste velar? ¿Qué significa “velar” en los tiempos de Jesús? ¿Cuál es el sinónimo de “velar”? “Mantened vuestras lámparas encendidas”. Ah, sí. Es cuestión de fuego. Jesús dijo: “He venido a prender fuego, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo!”. ¡Ahí está! ¿Cuál es el fuego que nos mantiene despiertos? La lamparita a cuya luz se puede leer la Palabra de Dios. Porque en tiempos de Jesús, no se encendía una lamparita sin más.
¿Por qué la Encarnación? Porque María tenía “su lámpara encendida” y ella leía a los profetas, aunque no supiera leer, aunque no tuviera una lámpara encendida, esperaba, oía hablar de ello, lo guardaba en su corazón, hacía honor a las palabras del profeta Isaías, del profeta Jeremías, del profeta Miqueas. ¿Cuándo Señor? ¿Cuándo Señor? María tenía su lámpara encendida: el deseo... Y cuando la lámpara está encendida, el Señor viene. Esto es maravilloso y nos lleva inmediatamente a lo que se llama escatología del tiempo presente. Está muy bien la escatología del fin del mundo, manteniendo la esperanza y deseando esta reunión de todo en el Cristo final, pero es necesaria una lúcida participación de los hombres para que esto avance y para que el rostro de Cristo asuma el rostro del cosmos y de la humanidad renovada.
Sí, pero para el momento presente tenemos la manifestación de la gracia: Cristo dice: “Soy yo” y nos muestra sus manos traspasadas, su costado abierto. “No tengáis miedo, soy Yo, estoy en la otra orilla”. “La lámpara encendida”. “Utilizad vuestro Evangelio, ‘tomad la lámpara encendida y permaneced con los lomos ceñidos, estad preparados’ y desde el interior de las palabras del Evangelio aparecerá el Señor en medio de la noche”. De ahí el consejo de tener en la mano un rosario, incluso para dormir: María es una lámpara encendida, y en plena noche, porque tenéis vuestro rosario en la mano, -no se trata de decir muchas “Ave María”-, cobráis conciencia del momento y de repente os dais cuenta de que el Señor está ahí, que está presente, que vuestra vida tiene un sentido: sois criaturas de Él, viene a visitaros. Viene a serviros, pasa a vuestro lado presentándoos “el plato” del Espíritu Santo, y nos encontramos con un nuevo conocimiento de Dios, una nueva intuición de la gracia.
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“Mantened vuestra lámpara encendida”, tened a mano vuestro Evangelio, volved a él una y otra vez, coged a San Pablo, coged los Hechos de los Apóstoles, escoged lo que queráis, un salmo... “Mantened vuestra lámpara encendida”, y aparecerá el Señor y será Él quien servirá dándoos una renovación de Espíritu Santo, una luz para los días venideros. Id desde un fin del mundo a otro con “vuestra lámpara encendida” que es el deseo de... pero en compañía de la Palabra. Qué vivan los pequeños fines del mundo sin los cuales no podemos vivir y que son las manifestaciones de Jesús que manan del texto, como asomándose para decir: “Soy yo quien está con vosotros”.
Jesús vino para encender este fuego, el cirio de Pentecostés, pero es para iluminar la Palabra de Dios y para que encontremos la presencia en el sacramento de la Palabra. Comprendamos que necesitamos tener un increíble afecto a la Palabra de Dios. A menudo encendemos la luz, leemos una frase y ahí está el Señor que llega, quizás no en ese momento... en medio de la noche, es decir dos horas después; de repente recibes una inteligencia profunda, comprendes el texto y eso, es que el Señor vuelve. Vuelve una y otra vez a condición de que mantengamos “la lámpara encendida” y que nos impliquemos en la lectura.
Si no tenemos lámpara, si dormimos, por mucho que llame a la puerta, no lo oiremos. Pero si nuestra lámpara está encendida, entonces el Señor empieza a servir: “¡Sentaos!”, y nos da un haz de luz, de inteligencia extra del Espíritu Santo, y esto todos los días y varias veces al día.
Florin Callerand
20 de octubre de 1992
Traducción del francés al español: Beatriz Simó y Pilar Sauquet
"Comme un levain", CD Tissage d'or 6 (Communauté de la Roche d'or)
Para ver la letra en francés de la canción "Comme un levain"
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