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¿Qué es el Adviento? El Adviento son las últimas semanas de una mujer embarazada que sabe que solo le quedan quince días o tres semanas antes de dar a luz a su hijo. Esta es la situación en la que se encuentra María antes de Navidad.
¿Qué le acontece a una mujer encinta tres semanas, quince días antes de dar a luz a su hijo? Existe un diálogo entre la madre y el niño, y el diálogo no es solo el de las últimas semanas. Hay un intercambio entre ellos, hay un compartir. No hay que pensar que la madre es la única que habla, el niño responde. ¿Y cómo responde? Las mujeres embarazadas lo atestiguan: hay movimientos del niño y los movimientos son muy, muy diferentes. Una vez conocí a una mujer embarazada que escuchaba las conferencias del retiro y que, según las reacciones del niño en su seno, me decía: “Lo que dice solo son bobadas o lo que dice es justo”. Ella distinguía entre movimientos de acuerdo y movimientos de protesta, así que se ponía en sintonía con su hijo y el marido ponía las manos en el vientre de su mujer... Hay muchas cosas que pasan entre la madre y el hijo. Pensemos también en José, que tenía la potestad sobre María, por lo que sentía los acordes vibrantes de Jesús.
Es en este clima como debemos entrar en las liturgias de Adviento y cuando decimos “vivir los sacramentos en María” ésta es la pregunta que debemos hacernos, con el realismo de la fe cristiana.
María y José estaban muy preocupados por el asunto del censo que se había anunciado, porque en una fecha fija había que completar todos los registros romanos, todo el mundo debía estar censado, y ay del que no se inscribiera en su país de origen… En aquella época había procesamientos, no como ahora, judiciales o de otro tipo, sino procesamientos que consistían en ser detenidos por el ejército romano y vendidos como esclavos, así que el asunto era grave.
Pero, ¿cómo ir de Nazaret a Belén? ¿Cómo iban a hacer frente a esos tiempos extremadamente difíciles que se les avecinaban? ¿Cómo se las iban a arreglar y cómo iban a sobrevivir? Lo habían preparado todo para Nazaret y ahora todo se veía perturbado por la orden del emperador romano, que solo pensaba en reclutar soldados, en hacer fichas para controlar a los países que amenazaban con rebelarse contra su autoridad usurpada, y además y, sobre todo, indagar dónde estaban los bienes para cobrar más impuestos a la gente y sacar más beneficio. ¡Pobre José! ¡Pobre María! La vida no era una broma, era una situación difícil, un poco como los países bajo el régimen soviético o los que estaban bajo el régimen nazi en tiempos de la última guerra, en la que nadie se atrevía a moverse. ¿Qué hacemos en semejante situación? No nos damos cuenta de las amenazas que atenazan a las personas y las pequeñas comunidades como consecuencia de los sistemas totalitarios.
María y José debían de estar bastante preocupados, así que hablaban con el pequeño en el vientre de María, preguntándose: “¿Cómo vamos a ir de Nazaret a Belén? ¿Cómo vamos a sobrevivir?” Es trágico. “¿Deberíamos pasar a la clandestinidad? ¿Deberíamos escondernos en una vaguada al otro lado del valle de Jezreel? ¿Qué deberíamos hacer?” Entonces, en su interior, a través de sus vibraciones, el niño responde a su manera. Es un niño de Paz, este niño es el Emmanuel. Así debió ser, como un emerger fugaz en María, en medio de su inquietud y cuestionamiento: “¡Pese a todo estad en paz, que Yo estoy con vosotros!” y esto se lo transmite a José quien planteaba la objeción: “Nos vamos a morir de hambre por el camino. ¿Dónde nos alojaremos? ¿Podremos regresar? De hecho, se fueron a Belén y volvieron ocho años después.
Tenían motivos suficientes para hacerse esas preguntas. Pero en su interior, está el Emmanuel, el que está lleno del Espíritu de Paz, el anunciado por el profeta. Entonces, ¿el niño ya no emitía vibraciones? Parece que no responde. O, por el contrario, están ahí sus vibraciones que en ciertos momentos son de entusiasmo. Tenía prisa por venir al mundo, ya jugaba al fútbol en el vientre de su madre de lo contento que estaba de venir a traer la Buena Nueva a la humanidad. Pero, de pronto, reinó la calma, la tranquilidad, la serenidad, y de repente María mira a José y le dice: “Nos equivocamos al preocuparnos. Dios está con nosotros”.
Nosotros, ¿nos estamos preparando para el Adviento? Pero si siempre es Adviento, siempre es Navidad, y siempre alrededor nuestro hay acontecimientos oscuros, acontecimientos angustiosos, económicos, financieros, amenazas de guerra aquí o allá. De ahí el miedo, la angustia: ¿vamos, no vamos? ¿Qué hacemos? Escuchad al Niño que lleváis y que está dentro de vosotros, vuestro Dios habita en vuestro interior.
¿Qué clase de niño vamos a traer al mundo? Es una persona viva, el reino de Dios es una persona viva. Hay problemas, dificultades en la familia donde entramos, en la parroquia, en nuestro medio de vida, llevamos dentro la vida del mañana, la nueva vida. Es Alguien y este Alguien nos dice: “No tengáis miedo, no temáis, Yo estoy con vosotros, seguid adelante, andad vuestros ciento cincuenta kilómetros desde Nazaret hasta Belén y luego hasta el fondo del desierto del Néguev, hasta el mismo Egipto. Me ocuparé de vosotros y volveréis. Confiad en Mí”. Sí, ¿pero...? “Escuchad, dice Dios que está preñado en nuestro interior, confiad en Mí para el futuro. Mi nombre es Mañana. Soy Yo el Mañana, como soy el Hoy, como fui el Ayer”. María está encinta, tres semanas antes de Navidad lleva todo esto en ella. María habla, el Niño le habla interiormente, ella escucha el mensaje y se dispone a recibirlo.
Así que ya veis cómo nos introduce María. Vivir en María es todo eso. Es interrogarla, sentirla en los acontecimientos de su existencia que nos relata el Evangelio y con los datos básicos de la experiencia humana, porque la experiencia humana está llena de Dios. Lo que os he dicho aquí, nos habla, ¿no es objetivo, simple y concreto? Este es el servicio que María nos presta cuando vivimos realmente en su cercanía. En las pequeñas comunidades joánicas, sabemos que María está embarazada, y así se narra, con mucha belleza y sencillez al comienzo del prólogo de San Juan: “El Verbo se hizo carne, y su morada está entre nosotros para siempre”. María nos lo dice, y está con Juan por haber hecho este descubrimiento en el Prólogo.
Podemos entrar en este tiempo de Adviento con serenidad, paz y alegría. Esto no impide las sombras de la política, la economía, los asuntos sociales y financieros o cualquier otro asunto que toque la salud, pero “¡Yo estoy con vosotros! El chiquitín se mueve en nuestro interior y su movimiento es para decirnos: “¡Yo estoy con vosotros! Estad en Paz. Sois vosotros quienes me lleváis, pero yo también os llevo a vosotros.
Florin CALLERAND
8 de diciembre de 1985
Traducción del francés al español: Beatriz Simó y Pilar Sauquet
"Marie, mère de Dieu", CD Tissage d'or 5 (Communauté de la Roche d'or)
Para ver la letra en francés de la canción "Marie, mère de Dieu"
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