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Blog de Roche d'Or

Blog de Roche d'Or

Comunidad de la Roche d'Or en Besançon y Fontanilles

Publicado en por P. Florin Callerand
Etiquetado en : #cantos

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a Betsaida. Unas personas le trajeron a un ciego y le rogaron que lo tocara. Jesús tomó al ciego de la mano y lo llevó fuera del pueblo. Le puso saliva en los ojos y le impuso las manos. Le preguntó: “¿Ves algo?”. El ciego, que empezaba a ver, dijo: “Veo como árboles, pero deben ser gente, porque se mueven”. Jesús le puso nuevamente las manos en los ojos, y el hombre se encontró con buena vista; se recuperó plenamente, y podía ver todo con claridad. Jesús, pues, lo mandó a su casa, diciéndole: “Ni siquiera entres en el pueblo”. Marcos 8,22-26

 

Decíamos que el subtítulo de este retiro era: “Convertirnos en místicos o bien estamos perdidos, convertirnos en ‘contemplativos de Dios’ en la realidad para llegar a ser ‘colaboradores de Dios’ en la misma realidad. De lo contrario, es como si estuviéramos ciegos, como si estuviéramos sordos, como si lo que dijéramos fuera un balbuceo incomprensible… Mucha gente realmente habla para no decir gran cosa, para no decir nada... Por eso, entrar en la vida mística os dará ojos que ven profundamente, oídos que penetran el sentido hasta el fondo, una lengua que expresa vuestro interior y lo comparte, este es el Don de dones que Jesucristo trae a la humanidad con su venida a la tierra.

Si leéis los Evangelios, os daréis cuenta de que Jesús no es ante todo un curandero, Jesús es un sanador: viene a lavar las pupilas y las córneas para que se desplieguen, a retirar el cerumen de los oídos, a ponernos en la lengua la verdadera saliva de Dios. ¿De qué se trata? Se trata de que el Hombre se llene de las inspiraciones del Espíritu Santo y, gracias a este Espíritu Santo, vislumbre lo más profundo, en el interior; gracias a este Espíritu Santo, escuche el sentido secreto, oculto; gracias a este Espíritu Santo, se exprese e intercambie con sus hermanos...

De lo contrario, tienes a hombres que no son más que charlatanes, hombres que oyen, pero no les sirve absolutamente de nada, hombres que ven, pero les resbala. Miran, pero no penetran el interior de las cosas. Así que Jesús es el sanador de los ojos, el sanador de los oídos, el sanador de la lengua... Por doquier es sanador de los miembros del cuerpo. En el Evangelio hay muchos paralíticos a los que Jesús cura. Hoy, entre nosotros, hay muchos paralíticos que no van en silla de ruedas... Los que van en silla de ruedas quizá puedan andar mucho mejor que los que tienen los dos pies, las dos piernas a su plena disposición.

Todos vamos a Jesús para que nos enseñe a “abrirnos” ... Él es Dios hecho hombre. Él es “La Apertura” por excelencia. Sus ojos están tan abiertos que ve, sus oídos están tan abiertos que escucha la Palabra del Padre en el fondo de su corazón, su boca está tan abierta que pone en palabras sensibles, figuradas, parabólicas, inteligentes, inteligibles. Todo lo que dice rebosa en su interior, Jesús es acogedor y comunicativo. Vamos a Él por todo esto, para hacernos curar y así es como nos convertimos en hombres y mujeres místicos...

También vemos a Jesús en apuros en los Evangelios. Vemos en san Mateo y san Marcos la curación de un ciego. Jesús no lo hizo a la primera, es uno de los milagros más sensacionales de Jesús. Puso las manos sobre los ojos del ciego y le abrió los párpados: “¿Qué ves?” El hombre respondió -esto sucede cerca de Jericó-: “Veo hombres, pero son como árboles que caminan”, son palabras textuales del Evangelio. Entonces, en la primera visión, vemos al pequeño místico en que se está convirtiendo en este hombre: ve borroso, no ve muy bien... “Parecen árboles que caminan, pero bien podrían ser hombres... No lo sabe, pero, en fin, es curioso”. Luego, ve plenamente, distingue los árboles de los hombres, etc. Esto significa que el acceso a la vida mística es progresivo.
 


Teilhard de Chardin nos dirá que es necesaria la oración insistente, continua para pedir el Espíritu Santo. Realmente, lo principal, lo esencial, lo capital es la paciencia en la oración, la oración paciente... Entonces nos volvemos cada vez más místicos. Pero nosotros, que estamos acostumbrados a la varita mágica, nos gustaría llegar a ser místicos así. Pasar página, y ya está. ¡Espérate sentado!

La vida mística se aprende, se educa. Es como una semilla, un grano de trigo que pones en la tierra, se pudrirá, crecerán sus raicillas, un pequeño tallo y se elevará lentamente, tardará seis meses en llegar la espiga y el momento de la cosecha. Así es en la vida mística, y afortunadamente es progresiva. Pero será tanto más lenta cuanto que todos nacemos místicos de niños, por el bautismo, por el primer don de Dios, y por la mala gracia de los adultos, de los padres, de los religiosos, de los sacerdotes, de los maestros, del ambiente en que vivimos, los niños se convierten en adultos torcidos, adultos que han perdido la espontaneidad del corazón y la oración constante de acogida. Y no os sorprendáis, si después de dos días de retiro, aún no os habéis convertido en místicos. Doble paciencia, triple paciencia. Pero es fundamental.

Derribo puertas abiertas diciéndoos estas cosas… Os remito a vosotros mismos, en palabras de San Gregorio de Nisa: “Somos, en cierto modo, padres de nosotros mismos cuando, por la buena disposición de nuestro espíritu, nos engendramos a nosotros mismos, nos damos a luz”. Así pues, aconsejaos, acoged el consejo interior, la compañía de esta mujer sensacional, llena de clarividencia, llena de escucha, llena de palabras: María de Israel, María del Magníficat. No podemos prescindir de ella, y por eso la metemos “en todas las salsas”. Es Ella y es Jesús quienes, desde nuestro interior, nos ponen muchas veces el dedo en la oreja, nos abren muchas veces los párpados, nos ponen muchas veces saliva en la lengua para hacernos hombres espirituales, es decir hombres pneumatológicos, llenos del Espíritu Santo, hombres que ven a Dios, hombres que escuchan a Dios, hombres que hablan de Dios en el mundo real. Pero si dejamos de rezar, si dejamos de llamar, si dejamos de recibir, pronto todo lo que hacemos es mirar, escuchar... y luego parlotear. Ya veis que nuestra formación mística es un asunto ‘multicotidiano’. Y por eso Teilhard de Chardin, dice: “Ejercitémonos hasta la saciedad”. Así que aún no estáis hasta la saciedad, ni mucho menos, entonces: manos a la obra.
 


Comenzamos este día acercándonos al Señor y diciéndole: “Ábreme, ábreme”. Pero Jesús nos va a decir: “Oye, no pensarás que voy a pasar mi vida desatascando tus oídos, ¿verdad? ¿No podrías limpiarte tú mismo los oídos?”. ¿Entendéis lo que digo? Rezar para que otro lo haga todo por ti es la forma más monstruosa y absurda de rezar y de estar seguro de no ser escuchado. Ponte a trabajar y se hará. Hay una frase excelente de San Ignacio de Loyola en sus Ejercicios: “Haz las cosas como si todo dependiera de ti y confía en Dios como si todo dependiera de Él”. Junta estas dos frases y ya está... Jesús os va a abrir, pero abriros vosotros, llamándolo y trabajando sobre vosotros mismos, para penetrar el sentido íntimo. No sueltes la azada demasiado deprisa antes de haber cavado todo el parterre. ¡Id hasta el final!

 

Florin Callerand
29 de septiembre de 1994

 

Traducción del francés al español:  Beatriz Simó y Pilar Sauquet

Avance et mange le feu