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Blog de Roche d'Or

Blog de Roche d'Or

Comunidad de la Roche d'Or en Besançon y Fontanilles

Publicado en por P. Roger Robert
Etiquetado en : #texto de Roger, #cantos

En el momento de su pasión Pilatos le preguntó: “¿Tú eres rey?”, Jesús le respondió: “Mi reino no es de este mundo”.

Las personas que poseen un reino, se les llama reyes o reinas y ejercen su poder en las instituciones de su país, es un servicio. Hoy en día no son necesariamente reyes ni reinas lo que gobiernan, sino que en numerosos países son jefes de Estado, que se convierten en jefes de mafias. Utilizan el poder que se les ha otorgado oficialmente, pero en realidad son las armas quienes les dan el poder. Cuando deberían ceder el puesto a otros candidatos se niegan a ello. Pero que lo ejerzan de una manera o de otra, nosotros tenemos la transcendental afirmación de Jesús: “No ejerzo mi poder como los poderosos en su trono".

Los poderosos ejercen su poder, ya sea rodeándose de personal armado, a los que hay que obedecer, porque a menudo ejercen su poder a través de la violencia, ya sea a través de otra forma de poder, más sinuosa, más implícita: el poder ejercido por la seducción. A veces lo hemos dicho o lo hemos oído decir: “Después de todo lo que hecho por ti, deberías tenerlo en cuenta...” Entonces la gente se apresura a mostrar su agradecimiento. Esta es una de las tantas seducciones. Y esa seducción la encontramos en nuestras economías, en la publicidad… La gente va tras lo nuevo y sucumbe a ello. Por supuesto que lo nuevo puede ser bueno, pero en todo esto, es como si la gente fuese desviada. Todas estas formas tienen un denominador común, en todas ellas hay como una especie de rapto del alma.

El rapto del alma tiene lugar cuando nos sentimos solicitados por muchas cosas que nos agradan. Pero en nuestro interior, ¿qué hay además de esta carrera, por ese “aún más, y todavía más, y todavía más…”  Este rapto del alma, esta apropiación indebida, hace que la gente deje de pensar. Se les construye un futuro para ellos, como si fueran teledirigidos por lo que se les presenta, no hay ni tiempo libre, ni tiempo para cuidar realmente de sí mismos.

Jesús le dice a Pilatos: “Mi reino, mi reino…” Jesús no es rey al estilo de los otros poderosos de la tierra. Quizás deberíamos descubrir, dentro de nosotros mismos, la bondad de Dios que nos sobrecoge, que nos cuida, para manifestar la naturaleza de ese reino. Es difícil hablar de ello cuando no lo vives. La bondad de Dios, este aliento que me habita porque sé que Él está ahí, que es magnánimo, que no deja de envolverme sea cual sea la situación. Por eso Jesús le dijo a Pilatos: “Si yo fuera rey, como los reyes de este mundo, tendría un ejército, guardias... Pero mi reino no es de aquí”.

Decimos: “Padre nuestro... venga a nosotros tu reino”. ¿Quizás habéis experimentado esa realidad íntima, personal, cuando alguien en vuestro interior ocupa todo el espacio? Esto puede ser para grandes cosas: “Te amo y te ofrezco todo mi mundo interior, toda mi intimidad. Tú reinas en mí... Siempre pienso en ti”. Así que, este “reino” del que hablamos es Alguien que me ama, que me ama dentro de mí. Lo sé, lo descubro, no me canso de decirle: “Mi casa es tu casa”. Jesús dirá: “Padre, Tú en mí y yo en Ti”. “Este uno en el otro que existe en Dios nos es dado por su Aliento, por su respiración. Jesús nos entregará, después de su resurrección, el don de su aliento filial.

Un día, una niña portuguesa acababa de llegar a Francia. Sus padres no hablaban francés. Ella lo aprendió más rápido porque iba a la escuela. Quería hacer su primera comunión. Pregunté a los niños que estaban allí: “¿Por qué queréis hacer la primera comunión?”. Escribieron en su cuaderno todo lo que les decían en casa: “para ser mejor”, “para dejar de cometer pecados…” ¡Un montón de tonterías...! pero esta pequeña no se expresaba con las palabras de los otros. Había escrito en su papel: “Quiero hacer mi comunión para respirar el aire de Jesús”. Nunca he encontrado una expresión poética tan fuerte para expresar eso. Esta niña decía que necesitaba estar cerca de Él y respirar su aliento. Bueno, eso fue lo que pasó el día de Pentecostés. Los discípulos descubrieron dentro de sí mismos el aliento, el alma de Jesús. Esto es muy importante.

Un día, cuando tenía 13 años, un sacerdote nos refirió estas palabras de un místico musulmán sufí, que vivió en el siglo IX o X en Irak: “Jesús es más indispensable para mí que el aire que respiro”. Así que, en ese momento, empecé a contar mis respiraciones y en lugar de tomar conciencia del aire que respiraba simplemente, comencé a decir con cada respiración, en mi interior por supuesto: “Jesús, Jesús, Jesús, Jesús es más indispensable para mí que el aire que respiro”, y mientras lo hacía, descubrí la cercanía de Jesús en mí. Antes, solía ser Alguien de quien me hablaban, que amaba y por quien me sentía atraído, pero ahora acababa de descubrir la amistad de Jesús. “Jesús me es más indispensable que el aire que respiro”. Desde entonces entablamos una nueva cercanía y esto gracias a las palabras de ese musulmán que fue crucificado precisamente porque vivía con la presencia de Jesús.

¿Quién te hace vivir? ¿Con quién habitas? ¿Quién vive contigo? “Mi reino está dentro de ti", el Reino de Dios no está fuera. Jesús siempre rechazó esta forma, no quiere ser rey del mundo. Quiere ser el rey de todos los corazones, del corazón de cada uno. Podemos habitar en su alma y Él habitar en la nuestra.

 

Roger Robert
14 de abril de 2017

Traducción del francés al español:  Beatriz Simó y Pilar Sauquet

"Toi Jésus notre vie", CD Tissage d'or 3 (Communauté de la Roche d'or)