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Blog de Roche d'Or

Blog de Roche d'Or

Comunidad de la Roche d'Or en Besançon y Fontanilles

Publicado en por P. Florin Callerand
Etiquetado en : #texto de Florin, #cantos

Es imposible escuchar la exultación gozosa saliendo de los labios de Jesús en la proclamación de la Bienaventuranza de la Pobreza Evangélica, sin vincularla a esa otra exultación gozosa saliendo de los labios de María en su "Magníficat", cuando proclama que desborda de alegría en Dios su Salvador, porque fijó su mirada en la pobreza de su sierva.

El alma israelita es un alma de deseo, de deseo infinito e insaciable. La característica de la esperanza de María va en este sentido: ella desea y aspira a una riqueza que la colme muy por encima de todas las formas posibles de pobreza. “El pobre llama”, se dice con frecuencia en los salmos, “y Dios responde”. La respuesta es proporcionada a la llamada. La plenitud adopta la forma del hueco que se ofrece para ser colmado. Así es el corazón de María: “¡Dios mío, me has hecho insaciable porque Tú eres inagotable!” La cualidad del deseo de esta hija de Israel es que es que es un deseo "pobre", es decir vacío, de la misma dimensión de Aquel que la creó con la intención de colmarla totalmente. Ahí yace el secreto del corazón de María, la que llamamos Inmaculada, Infinita o casi-infinita en deseo de Mesías de Dios. Ella es verdaderamente una hija de Abraham y aún más.

Lejos de infravalorarse a sí misma, con una falsa humildad, esta hija de Israel sabe que es preciosa a los ojos de Dios porque lo desea locamente y para siempre. Es verdad que solo la magnanimidad, la calidad de los sueños y proyectos pueden revelar al que los hace la verdadera belleza y bondad de una vida que se eleva, porque estos inmensos sueños y deseos solo pueden llegar al corazón a través de la inspiración de un Dios que proyecta hacerlos realidad. Así son todas las vocaciones de los santos.

Sin embargo, María ya posee, en lo más profundo de su inmenso deseo de Dios, un tesoro que ninguno de los mandatarios sociales, políticos o religiosos de su alrededor conocen. Es Ella la que tiene las manos llenas y ellos las manos vacías. La expresión “El Reino de los Cielos” significa que Dios reina sobre Ella y Ella reina sobre Dios. El Rey y la Reina se han encontrado. Una audaz intimidad de vida compartida los une. Las páginas más apasionadas de las declaraciones de amor mutuo en el Cantar de los Cantares resuenan en su corazón… "¡Alégrate, hermosa mía, tu Señor está contigo! Este profundo intercambio no desvincula a María del combate cotidiano de la existencia. Sabrá cómo hablar con Bernadette o hacerle sentir lo que es la dicha en ese “otro” mundo. La joven de Lourdes también era una “pobre de Dios”. Era un alma de deseo y fue visitada.

Cuando María mira y escucha lo que emana en lo más profundo de sí misma, que no lo puede ver, -porque no es su propia fuente-, descubre que Alguien la precede y la hace existir. Alguien que es todo iniciativa de generosidad hacia ella, que le hace el don de vivir sin que nada, en lo que a ella respecta, lo exija ni crea que lo merezca. A ese rostro invisible que la mira y la hace partícipe de su propio aliento, siente que su corazón dice “gracias” como queriendo saltar por dentro a su encuentro. Le gustaría con un beso devolverle la respiración que Él hace remontar en ella...

“Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu… porque su mirada se ha fijado en la pobreza de su sierva...”

María sólo puede conocer realmente a su Dios a través de sí misma, mediante lo que Él hace en ella, haciendo que sea ella misma. Se descubre a sí misma como una persona inteligente, libre, sensible, clara, pura, alegre y valiente. Me gusta pensar que a María, sin falsa humildad ni modestia, le gustaba considerar los esplendores de vida con que su Creador la obsequiaba.

“Al contemplarnos a nosotros mismos, según el Padre Laberthonnière, al contemplar nuestro interior, es cuándo podremos encontrar el camino que lleva a Dios”.

Si María tiene una representación de Dios, es gracias a que Él hizo una obra maestra que tuvo en Ella su referente. Todo lo que ve en sí misma, ¿cómo no iba a sentir que es en Él de donde toma modelo y apoyo para dárselo? Así que ahí está ella, propulsada a la existencia por su Principiador en pleno obra. Ella se lo debe todo. Precisamente lo más valioso para ella: su libertad, su personalidad, su autonomía, su impulso vital que puede dirigir según su voluntad ... Por imposible que parezca, si el Amor que la creó se apartara de ella, no solo se la vería como una pobre muchacha abandonada, sino que, súbitamente, desaparecería en la nada. Pero no hay peligro de que esto ocurra. ¿Alguien ha visto que el sol se olvidara alguna vez de enviar sus rayos? María hace suyas las palabras del profeta Isaías:

“Aunque una madre se olvidara del fruto de sus entrañas, Yo, dice Dios, no os olvidaré". (Isaías 49:15)

María, pobre de Dios, ¡qué no será la riqueza de tu mirada, de tus emociones, de tus conocimientos, de tus esfuerzos y combates, incluso de tus sufrimientos! Siento que nunca terminaría de recorrer los salmos y las páginas de los libros de la Sabiduría para enriquecerme de tu pobreza María, que sabes a Dios contigo y que te paseas con Él a la brisa del atardecer, en el inmenso jardín que te da en herencia.

 

Florin Callerand, 14 de enero de 1991
en "María, mi secreto"


Traducción del francés al español:  Beatriz Simó y Pilar Sauquet
 

"Petits chemins de lumière", CD Tissage d'or 6 (Communauté de la Roche d'or)