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Blog de Roche d'Or

Blog de Roche d'Or

Comunidad de la Roche d'Or en Besançon y Fontanilles

Publicado en por P. Florin Callerand
Etiquetado en : #texto de Florin, #cantos

En el capítulo 42 del Eclesiástico (o Sirácida), escucharéis a un sabio de la Biblia, sobrecogido por el Espíritu Santo, que comparte su experiencia. Es un hombre vibrante, un hombre dichoso, porque sus sentidos están tan abiertos a la creación a través de lo que perciben, que se nutren del creador...

Para la auténtica alma israelita, hay una imposibilidad radical de tomar el mundo sin Dios y de tomar a Dios sin el mundo. Esto es sin lugar a dudas, una distinción fundamental, pero en el seno de la interioridad. Así como mi alma está por completo dentro de mí y vibra hasta la punta de los dedos de mis manos y de mis pies, así Dios está en el mundo y con el mundo y lo hace vibrar desde lo más profundo. Es en su vibración interna donde existe el mundo, así que ¿cómo podemos encontrar el uno sin el otro?

Este es el regalo de Israel a todas las naciones paganas y esto es lo que la Iglesia tiene que comunicar. Enseñarlo con palabras, con teoremas, en discursos académicos o universitarios, es necesario, pero, al mismo tiempo hay que dar testimonio de ello. Qué tengamos una iglesia vibrante de Dios en el mundo y del mundo en Dios y que todos nos sintamos responsables de decir al mundo: “La vida es hermosa, está llena de Dios, pero no está terminada, así que, con Dios, manos a la obra. Vamos a hacer algo magnífico para todos, el cielo en la tierra. No debemos dejar la tierra para ir al cielo. Que la Encarnación en nosotros y a través nuestro acreciente sus vibraciones en todos los campos de la vida humana. Este será entonces, el fin sin fin, la gloria establecida en la tierra.

Escuchemos al autor Sirácida (o Eclesiástico)

Voy a evocar las obras del Señor,
y a contar lo que yo mismo he visto.

Os dais cuenta de que este autor es en quien se ha inspirado San Juan cuando escribe en su epístola: Lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos oído con nuestros oídos, lo que hemos sentido con nuestras manos de la Palabra de Vida, ya que la vida se nos ha desvelado, sí, esto es lo que hemos venido a compartir con vosotros, para que participéis de nuestra alegría y así nuestra alegría sea completa. Es así como el Maestro de San Juan comparte con vosotros su contemplación de Dios en el mundo y del mundo en Dios.

Voy a evocar las obras del Señor, lo que tengo visto contaré:
Por las palabras del Señor fueron hechas sus obras...

Es a través de su palabra como Dios crea, no con órdenes y mandatos a modo de una varita mágica, sino que su creación es la expresión de lo que vive y habita en Él. Dios se manifiesta y la creación es una manifestación múltiple e innumerable de la vitalidad secreta y profunda de la Santísima Trinidad. No hay ninguna criatura que no tenga en sí misma algo que participe de la vitalidad, todavía invisible de Dios, pero ya transmitida a todas sus criaturas en su interior. Como yo ahora, hago participar a mi vitalidad íntima y profunda de las sonoridades que salen de mi boca. Si no hubiera nada palpitando y vibrando dentro de mí, ¿tendría algo que deciros? Estaría hablando para no decir nada. Lo que escucháis aquí, es una Palabra que significa algo que no veis. Pero ese algo que no veis y que es el secreto de mi personalidad, ¡os prometo que existe! De lo contrario, todos habríais hecho las maletas y os habríais marchado desde hace mucho tiempo. Esto es una pequeña parábola de lo que Dios está haciendo en todas partes. En esta inmensa charla, en este inmenso “relato” que Dios hace de sí mismo, he ahí el sol, la luna, las estrellas… Todas las cosas. Por eso el autor pasa a enumerar toda una serie de criaturas felizmente asombradas ante “Dios con”.

... por las palabras del Señor fueron hechas sus obras
y la creación está sometida a su voluntad.

En Dios no se trata de “buen gusto”, desconfiad de las palabras. Los deleites a la moda de Luis XIV, las fantasías de Dios... “¿Qué podría hacer para entretenerme, dice Dios? Un abeto. Mañana haré un chopo. Y voy a hacer el linaje de las encinas y después voy a hacer conejos. ¡Cuidado! Es desde su interior como Dios va a hacer el bien y hacer el bien, para Él, es comunicar su Bondad profunda que se va a difundir en las criaturas: el conejo participará de ella, el álamo, el roble, nosotros participamos de esa Bondad, no hay una criatura que no sea el fruto del placer que Dios siente en comunicar su bien. Este es el fondo positivo y válido de toda criatura, permanentemente y de forma indeleble.

El sol mira a todo iluminándolo,
de la gloria del Señor está llena su obra.

El sol es una parábola admirable, pero solo es una parábola. Entonces, hay algo que no cuadra. La relación del sol con la tierra es que el sol está a 150 millones de kilómetros de nosotros. Supongamos que, en lugar de estar a 150 millones de kilómetros de nosotros, el sol estuviera ahora, sin fundirlas, en cada una de las piedras de esta capilla. Supongamos que el sol, sin quemar, estuviera en cada tabla de madera y en las vigas del armazón. Supongamos que el sol, sin quemarnos ni destruirnos, nos iluminara y nos hiciera partícipes de su intenso ardor, supongamos que estuviera dentro de nosotros. Dios Sol del sol, Vida de mi vida, Piedra de las piedras, Dios está con sus criaturas desde dentro. No las destruye. Es como el sol en relación con las criaturas, pero desde dentro. La comunicación constante de Dios, esto es la creación.

Esto es lo que vislumbramos en el primer don del Espíritu Santo, el don de estremecimiento de adoración: “¡Dios mío, eres Tú! ¡Y soy yo, y eres Tú! Y eres Tú y soy yo. Estamos juntos para siempre. Yo soy el resplandor de Tu gloria, Tú eres la llama intensa de la gloria que soy, en mi interior, conmigo, en todas partes... ¡oh Dios!”

No son capaces los santos del Señor
de contar todas sus maravillas...

Seamos quienes seamos, somos incapaces de decirlo todo, y por eso tenemos a este místico que se dice a sí mismo: “Ya se han dicho muchas cosas sobre Dios y su creación” - pensad en todos los salmos de David y de los demás - pero yo, todavía puedo decir algo mejor. Así es como comienza San Lucas su Evangelio: “Muchos han intentado narrar la vida de Jesús... es curioso, pero a mí me parece que las cosas han alcanzado tal grado de plenitud, de certeza en mí, que voy a ponerme manos a la obra y a contárosla yo también. Se inventa un nombre: “Oh Teófilo, amado de Dios”, así se dirige a los cristianos, ni Mateo ni Marcos hicieron un hallazgo semejante. Lucas añade su granito de arena. Sí, puedo contarlo mejor que Mateo, mejor que Marcos, etc. Por eso Juan escribe en último lugar e incluso lo narra mejor que Lucas. ¿Y qué hay de nosotros? Tal vez lo hagamos mejor que Juan, mejor que Lucas, ¡debemos ser audaces! Grignion de Montfort dijo: “Los santos del final de los tiempos harán palidecer con su brillo a los santos del principio de la Iglesia”, ¡qué audacia! Es un progreso hasta el infinito, pues Dios es inagotable. Los santos entonaron sus cantos, pero yo siento que puedo hacerlo mejor que ellos…

Este Dios de mansedumbre, maestro de todo, todo lo ha establecido en su solidez, para que el universo subsista en su gloria. Ha sondeado las profundidades del abismo y del corazón humano, dos abismos. El Altísimo posee toda ciencia, ve los signos de los tiempos, anuncia el pasado, presiente el futuro, revela las cosas ocultas. Nada se le escapa, ninguna palabra del hombre se le oculta. Ha puesto en orden las maravillas de su sabiduría, pues existe desde la eternidad hasta la eternidad sin que nada le sea añadido ni quitado.

Unos amigos me llevaron a visitar la mina de Merlebach, una mina extraordinaria, quizás la primera mina de Europa por la calidad del trabajo humano, el ingenio de la ciencia, la aplicación técnica, la maestría. Fue algo realmente asombroso que me sobrecogió, ver cómo el hombre en Dios es capaz de recuperar para la utilidad actual todo lo que ocurrió en el período carbonífero.

Estos amigos me preguntaron: “¿Qué es lo que más te ha llamado la atención?” Y contesté: “Es como si el ayer se convirtiera en hoy, porque hoy, en el poder de la inteligencia de Dios, vamos a buscar el ayer. ¡Ah, si los helechos gigantes del período carbonífero hubieran podido expresarse, cuando llegaron a los bosques vírgenes, pudriéndose, descomponiéndose y haciendo en primer lugar el humus, luego la turba, más tarde la antracita! ... Si hubieran podido pensar que volverían a salir a la luz y que entonces apoyarían la vida humana de la humanidad del siglo XX para poder realizar el progreso de la ciencia, la mejora de la existencia humana, la marcha hacia adelante, que tenían esta capacidad.

Pero Dios ya estaba pensando en la época del carbonífero, estaba en y con los helechos, y estaba preparando las energías de hoy que necesitamos para que la humanidad se desarrolle, se multiplique, cien mil millones de hombres, no son demasiados. Si no tuviéramos carbón, si no tuviéramos petróleo, si no tuviéramos estas energías profundas preparadas en la noche de los tiempos de la primera evolución, la vida actual sería imposible; todavía estaríamos en la prehistoria y haría mucho tiempo que no quedaría ni una brizna de madera en la tierra, todo se habría quemado como en la Cordillera de los Andes o en otros lugares. Todo ha sido puesto en el tesoro, en el vientre de la tierra, y ahora el hombre se lanza a ello, con esta inteligencia que Dios le ha dado, con este corazón que le ha dado. Lo que más me llamó la atención en el fondo de la mina fue la nobleza de los rostros de los mineros, su forma de andar y al mismo tiempo su majestuosa paz; los sentí como reyes. Dios con el mundo.

En la época del Eclesiástico, no se sabía todo lo que sabemos ahora, pero he ahí un hombre maravillado. Así que hoy en día, todos los descubrimientos de la ciencia, las aplicaciones de la tecnología, aún con las rectificaciones, o con el mal uso del átomo... pero el átomo es bueno, es fantástica esta reserva de energía y de poder que está en el corazón de la materia. ¿Pero de dónde viene? El hombre con la inteligencia de su corazón inspirada por Dios sabrá aplicarla, hacer un uso maravilloso de ella para el mundo de mañana, transfigurado en la gloria. Premonición, certeza, evidencia.

... es desde la eternidad hasta la eternidad. ¡Qué dignas de amor son todas sus obras! Como destellos hay que contemplarlas.

¿Nos atrevemos a mirar a las criaturas, en lo que tienen positivo, como destellos? Todas las criaturas deben ser vistas como destellos que surgen de una hoguera.

Todo esto vive y permanece eternamente, para cualquier menester todo obedece. Todos estos destellos están atentos a su fuego, son dóciles a él. Todas las cosas de dos en dos, una frente a otra, y nada  ha hecho deficiente. ¿Quién se hartará de contemplar su gloria?

Sí, cada ser tiene la misión de resaltar la bondad del otro. Así es como Dios realza a sus criaturas y las criaturas realzan a Dios. Esto es lo que se nos pide a nosotros, a toda la comunidad humana, que nos potenciemos mutuamente al modo de Dios. Este es el don de Ciencia.

 

Florin Callerand
27 de febrero de 1987

Traducción del francés al español:  Beatriz Simó y Pilar Sauquet

"O Seigneur notre Dieu (Psaumes 8 et 104)", CD Tissage d'or 1 (Communauté de la Roche d'or)