La desescalada del confinamiento que estamos viviendo, da a ese texto de Florin un sabor sorprendente, como una sonrisa traviesa. “Estaban todos juntos en un mismo lugar”.
Celebramos Pentecostés de camino hacia próximos reencuentros. Tal vez por eso, este texto nos llega como un amanecer al final de la noche.
/image%2F4634555%2F20210525%2Fob_889923_florinjoue-rec1.jpg)
Pentecostés... ¡La vehemente dulzura del Espíritu Santo!
(Hechos de los Apóstoles 2,1-13)
“Estaban todos juntos en un mismo lugar...” Para que un avión aterrice, es evidente que hay que preparar un campo de aterrizaje, incluso para un helicóptero. Un helicóptero no puede llegar y posarse en la punta de un campanario, necesita al menos la terraza de una casa. Pues bien, lo que permite que venga el Espíritu Santo es un contexto comunitario previo. Debe haber una pista de aterrizaje, por lo tanto, es necesario que de antemano, los hombres se busquen realmente e intenten poner en común sus deseos y oraciones...Esto es lo que vemos en el primer capítulo de los Hechos de los Apóstoles, donde María, las mujeres y los demás estuvieron orando durante toda una semana, poniendo en común lo que habían experimentado y sentido sobre Jesús.
Jesús lo repetiría más tarde en el Evangelio: “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Jesús está siempre con su grupo de discípulos, hay un fenómeno de comunicación que hace posible la venida del Espíritu Santo, porque el Espíritu Santo es esencialmente un misterio de comunicación.
“De repente vino del cielo un ruido…” Algo inesperado… y vino del cielo. El cielo, es una imagen, y para los orientales es una imagen llena de dulzura, de bondad, de vida. Para nosotros, cuando decimos “el cielo”, ¿qué significa? ¿Qué evoca la palabra “cielo”? En hebreo, cielo se dice châmayim, y mayim es un plural expresivo que significa: aguas en abundancia. Châmayim es el agua que está arriba en tal abundancia que provoca la lluvia, hace descender el rocío, luego se mantiene en reserva, con su color azul transparente; se está a gusto bajo ese cielo cargado de agua. Da fertilidad a la tierra, y el desierto y el campo florecen… ¡Es la vida!
No se pronuncia el nombre de Yahvé, sino que se dice: châmayim, el agua dulce. El Dios de la dulzura de la vida, de la fecundidad. De ahí viene el Espíritu Santo. Hay un rasgo de ternura en el Espíritu Santo, un rasgo de misericordia, un rasgo maternal que quiere la fertilidad de las tierras secas y la producción de árboles y de vida porque él nutre con todo su relente, con su dulzura haciéndonos partícipes de su dulce vitalidad. Dios es dulzura, se llama châmayim, el cielo.
/image%2F4634555%2F20210525%2Fob_b0e9a5_f-210512-arc-en-ciel-7texte-x.jpg)
¿Dónde está el cielo? El cielo está en ti. Esta agua dulce, esta agua del rocío, el acto creador... ¿Eres consciente del acto creador en este momento? ¿Eres consciente de cómo Dios actúa para hacerte existir de pies a cabeza? Del mismo modo, desde esta profundidad del ser y de la persona, he aquí que va a llegar ese famoso soplo vehemente, “como el de una violenta ráfaga de viento”.
La segunda característica del Espíritu Santo es la vehemencia en la dulzura, porque Dios no es un mundo de contradicciones: no puede haber châmayim de dulzura y de repente de violencia, sino que va a ser una dulzura fuerte, una dulzura intensa, una dulzura solidaria, la dulzura del amor. Es lo que se llamará en la simbología cristiana el tercer don del Espíritu Santo, el don de la fuerza que caracteriza a Jesús, tanto en su relación con los niños -es su fuerza de ternura- como en su relación con la mujer adúltera o con la samaritana. Es la fuerza de su ternura la que empuja a estos seres para que lleguen a ser y se liberen...
“La casa donde estaban sentados se llenó toda entera del Espíritu…” Cada uno va a tener su dosis de Espíritu Santo según su propia receptividad. Podéis traer una docena de calderos, de dedales, bajo una cascada..., podéis llevar cubiletes insignificantes..., la cascada fluye y todos se irán con su utensilio a rebosar: el dedal estará lleno, la botellita estará llena, el caldero estará lleno. Todo estará lleno, hay más que suficiente para todos. Así que toda la casa se llenó.
“Entonces, se les aparecieron unas lenguas como de fuego...”
¿Qué es tener una lengua de fuego? ¿Tener los ojos que brillan? ¿Tener resplandor en el rostro? ¿Cuál es esa luz que está en el profeta y que le viene de dentro, y que le hace comunicativo y comunicador de lo que él es en sí mismo? Los apóstoles estaban deprimidos, abatidos, hasta ahora, no tenían nada que comunicar ni que decir, pero ahora se convertirán en bocas de profetas, transmisores de la palabra divina y será Jesús quien emergerá de las profundidades de Pedro, Pablo, Santiago y Juan, como resurgió de María cuando cantó su Magníficat. María no lo canta sola, está habitada. Está encinta de todo un Dios, Ella está dando su cuerpo al mismísimo Hijo de Dios. No es de extrañar que el Magníficat sea una profecía resplandeciente y luminosa. Así que, a partir de ahora, vamos a tener a unos hombres impregnados de Espíritu Santo.
“Todos fueron llenos del Espíritu Santo; y comenzaron a hablar en otras lenguas, y cada uno hablaba según el don del Espíritu”.
Y de esto es de lo que van a hablar, de lo que desbordaba su corazón, incapaces hasta ese momento de poder decirlo: Jesucristo. Vivieron con él durante tres años y estaban callados como una tumba. Ahora que el Espíritu Santo viene a ellos, van a dar testimonio de Jesús y de su teología, van a explicar el sentido vital que encierra y veremos a unos hombres dichosos porque, en Cristo, han encontrado el sentido de su existencia. El nuevo mundo aparece: es Jesús, propagado y multiplicado que sale a la conquista del mundo, en todas las lenguas.
Me siento dichoso de tener para mí al Señor Jesús resucitado que da sentido a mi vida. Con Él, estoy embarcado en una aventura de eternidad, para siempre. Si digo esto, es para que todos vosotros tengáis esta alegría en vuestros corazones. El cielo es para nosotros, el Espíritu Santo está con nosotros.
Florin Callerand
Miércoles 7 de mayo de 1986
Traducción del francés al español: Beatriz Simó y Pilar Sauquet
"L'Esprit habite nos cœurs", CD Tissage d'or 5 (Communauté de la Roche d'or)
Para ver la letra en francés de la canción "L'Esprit habite nos cœurs"
aliento y luz en la Roche d'Or y Fontanilles
/image%2F4634555%2F20260504%2Fob_74474b_plan-de-travail-1.png)
/image%2F4634555%2F20210525%2Fob_d100be_20210426-063831.jpg)
/image%2F4634555%2F20210525%2Fob_5c97a7_20210503-191251.jpg)
/image%2F4634555%2F20210525%2Fob_4df52e_20210517-191927.jpg)
