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Blog de Roche d'Or

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Comunidad de la Roche d'Or en Besançon y Fontanilles

Publicado en por P. Florin Callerand
Etiquetado en : #texto de Florin, #cantos

El día de Pentecostés, inmediatamente después de las palabras pronunciadas por Pedro y llenas de Espíritu Santo, asistimos a la presentación de la comunidad cristiana primitiva (Hechos 2 :42-47 y 4 :32-37). Y digo “inmediatamente”, es decir, sin intermediario. Estamos ante algo absolutamente crucial para ver y recordar: una comunidad cristiana nace únicamente por la escucha de la palabra que suscita la fe en Jesús y comunica el Espíritu Santo.

No se funda una comunidad por una simple decisión, diciendo: “Ahora vamos a hacer... Vamos a ir...". Lo que fundamenta la comunidad cristiana es la escucha de la palabra tal como Pedro la ha proclamado, inspirado por el Espíritu Santo.

Desde el principio, en el versículo 42, los requisitos se repiten: “Acudían asiduamente a las enseñanzas de los apóstoles...” Sin la proclamación de la palabra, repetida, insistente, el Espíritu Santo no es libre de entrar en los corazones. La palabra anuncia el misterio de Jesús y el Espíritu Santo encuentra la fisura para penetrar en la imaginación, en el corazón, en la memoria de las personas y es entonces cuando suscita el movimiento fundacional: “¡Señor Jesús, Hijo de Dios vivo!” Y siendo así, todas las personas que son asidas de esa manera, se miran entre sí, se reconocen como hermanos y hermanas, y se van a vivir en común.

En segundo lugar, pensemos en esto, que no es menos fundacional: “Los apóstoles enseñaban con potestad la resurrección de Jesús”. Así que, ¡cuidado! No dice: “Debemos predicar sobre el misterio de Pascua, es necesario predicar..." ¡Desde luego que no! La resurrección de Jesús es Jesús resucitado en estado de gloria, con su cuerpo transfigurado. Predicar a Jesús resucitado es provocar a Jesús para que derrame el Espíritu Santo en los corazones y aparezca Pentecostés. Y esto es lo que se convertirá en norma para la comunidad cristiana.

¿Qué es una comunidad cristiana? Lo vemos aquí: “Nadie llamaba suyo lo que le pertenecía... Entre ellos todo lo tenían en común...” No había pobres entre ellos. Eso es la Koinonia, “la comunión”, la puesta en común de los bienes espirituales, intelectuales y materiales. ¿Pero, por qué? Porque los apóstoles, con potestad, muestran la Resurrección del Señor Jesús.

Ha resucitado por mí, ha resucitado por ti, y la prueba de que es por mí y por ti es la efusión del Espíritu Santo que me ha sido derramada. Él comparte su tesoro, su riqueza, y heme aquí vinculado al Resucitado, yo también resucitado, y la primera resurrección irrumpe. Pentecostés es Cristo dándome el Espíritu Santo, y mi memoria, mi imaginación, mi inteligencia y hasta mi cuerpo están llenos de Él, y me lanzo a ello con toda mi alma. Hay una novedad radical que opera en mí a través de Él, gracias a Él. Por eso es tan importante que los apóstoles prediquen constantemente la Resurrección de esa manera existencial.

Lo que cuenta, es que ha resucitado por mí, y tengo la prueba de ello. Y la prueba es esta nueva vida, que es la suya. Esta vida irrumpe en la mía, que era pobre y desvalida y que ahora es rica, fuerte y vigorosa. Me sumerjo en el misterio como el pez en el agua, vuelo en los espacios de Dios, contemplo a la Trinidad actuando en todas partes, las maravillosas relaciones de Dios que se manifiestan en las leyes físico-químicas, en este avance a veces penoso pero maravilloso de la humanidad hacia su culminación. Veo todo esto como un pájaro que vuela por los aires. “Éste es el regalo que Tú, Cristo Jesús, me haces”. Entonces, ¿Podéis comprender en qué se fundamenta la comunidad cristiana?

¿De qué estamos hablando al predicar a Cristo resucitado? De suscitar una adhesión. Por lo tanto, trabajamos sobre la manera de compartir porque una comunidad solo existe cuando hay intercambio, cuando las noticias circulan, cuando nadie en la comunidad puede decir: “Yo no lo sabía... no lo había visto nunca…” Se trata de que todo fluya, de que todo circule, de que todos tomen conciencia y de que las reflexiones personales de cada uno se comuniquen a los demás para formar un solo corazón, una sola alma entre todos, porque todo lo tenían en común...

Pero, ¿de dónde sacaré este carácter ejemplar? Ahora es Jesucristo quien pone todo en común conmigo. En la acogida de su Espíritu Santo que se me entrega, es todo el paquete de los evangelios, todo el paquete de los comentarios de San Pablo y de San Juan que vienen a mi interior. Así, haciendo comunidad conmigo, me veo empujado a hacer comunidad con mis hermanos y con mis hermanas. Si abandonamos este ejemplo de Jesús vaciando sus bolsillos en los nuestros para enriquecernos de Él, ¿cómo queréis que los miembros, de una supuesta comunidad, hagan lo mismo? Por eso debemos recordar constantemente la Resurrección como la maravillosa participación de la vida de Jesús, la comunicación de su Espíritu cargado de toda su experiencia humana. Es entonces cuando hacemos como Él y la comunidad vive.

Así, el sobrecogimiento de adoración filial se apoderaba de todos los corazones, de todas las mentes: muchos fueron los milagros y los prodigios realizados por los apóstoles. Y veremos ejemplos de ello. En efecto, cuando alguien se llena de la presencia auténtica de Cristo resucitado, que le confiere el Espíritu, el aliento de estremecimiento, de adoración, de ternura y de entusiasmo ofrece un resplandor de paz que irradia a quienes están cerca y algunos pueden encontrar allí, en esta especie de pacificación psicológica y somática, los elementos básicos para la curación de sus enfermedades. Por eso los milagros no son tanto milagros como efectos de la irradiación del Espíritu Santo que emana de los apóstoles. Así es como Jesucristo trabaja con nosotros. Así es como nos resucitará en el último día. Así es como ahora recibimos de Cristo la paz interior, la serenidad, la ausencia de angustia ante lo que nos pueda deparar el futuro.

Dejad que vuestro corazón cante, dejaos atraer por el misterio. Es Alguien el misterio, Él está vivo. Cristo no está lejos, no se ha ido al otro lado de las nubes, ha resucitado por mí y Pentecostés no es un acontecimiento de hace dos mil años, es ahora mismo y María está con nosotros, nos acompaña desde el interior de cada uno. ¿Cuándo nos volveremos inteligentes de corazón?


Florin Callerand
29 de agosto de 1991



Traducción del francés al español:  Beatriz Simó y Pilar Sauquet

"Esprit, souffle sur nos vies", CD Tissage d'or 4 (Communauté de la Roche d'or)

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