/image%2F4634555%2F20201129%2Fob_5084b3_florinjoue-rec1.jpg)
¿Sabéis lo que significa la fórmula que solemos proclamar habitualmente, “Dios por los siglos de los siglos”? ¿El Dios que siempre avanza y que no se contenta con ningún siglo pasado, el Dios que siempre quiere algo nuevo? Sí, estamos a finales del siglo XX (Florin está predicando en 1996) y parece que el tercer milenio ya se está preparando desde ahora. El Dios del siglo XXI es el Dios que va en cabeza y nos empuja hacia adelante. Le gustaría que las cosas cambiaran. “Dios de los siglos sin fin, mantennos despiertos para el día gozoso de la venida de tu Hijo” exclama la oración del día. Ahora estamos avanzando y parece que no hay nadie por delante, en cabecera, para llevarnos, pero tras el fin del mundo, Cristo aparecerá por todas partes y dirá, como dice Teresa del Niño Jesús: “Venid, venid Conmigo cada vez más lejos, cada vez más, siempre mejor”.
Pero existe otro fin del mundo sin necesidad de esperar. Este fin del mundo está ya aquí, ahora, en esta liturgia. Cada gracia que conmueve el secreto de la imaginación, la memoria, el intelecto profundo, la voluntad de decisión, es un fin del mundo. Debemos honrar las gracias, las luces, las inspiraciones de Dios como si fueran el fin de la historia. Cada una de las gracias que recibimos es una culminación y al mismo tiempo como una propulsión hacia algo nuevo.
Vemos como María en el día de la Anunciación estuvo trastornada por el acontecimiento que le había acaecido. Y lo acogió. Quiso aclarar de qué se trataba formulando las preguntas necesarias y cuando tuvo plena lucidez y confianza en lo que se le pedía, se entregó totalmente y avanzó hacia delante. Para María, esto fue un primer fin del mundo. Ella avanzará de fin del mundo en fin del mundo y digo esto “en plural”. Caná, para María, fue un nuevo fin del mundo. La curación del paralítico de Betesda en el capítulo 5º de San Juan fue un nuevo fin del mundo. La historia de Marta y María en Betania fue un nuevo fin del mundo. La parábola del hijo pródigo y el padre admirable fue un nuevo fin del mundo tanto para los discípulos que escuchaban como para los escribas y fariseos que se sentían cuestionados.
Cualquier gracia es algo que sorprende, que cuestiona el pasado, que abre e impulsa hacia el futuro. Dios es Aquel que mientras camina, nos invita. Como si agarrara con sus manos a las gentes a derecha e izquierda y les dijera: “¿Te vienes Conmigo?” Esto es el fin del mundo y es así como el pasado se va superando una y otra vez. “Velad”, dice San Marcos. “Vigilad” “Mantén tu lámpara encendida”, porque Dios nunca te dejará tranquilo. Y si estás tranquilo en tu vida es porque vives al margen del ambiente de Dios. Dios siempre está en movimiento, creando siempre algo nuevo. Nunca está satisfecho.
Tomemos simplemente un pequeño pasaje del final del libro de Teilhard de Chardin titulado “El Medio Divino”.
/image%2F4634555%2F20201129%2Fob_7acdc0_20201124-081923.jpg)
"Históricamente, la esperanza nunca ha dejado de guiar, como una antorcha, el progreso de nuestra Fe. Los israelitas eran "expectantes" perpetuos; y también lo eran los primeros cristianos”. “Y esta es una de las razones por las que en la Iglesia primitiva la vigilia que precedía a la liturgia dominical era una vigilia de espera.
“De hecho la Navidad, que presuntamente debería haber invertido nuestra mirada y haberla centrado en el Pasado, no ha hecho más que transportarla aún más lejos". Nos llega otra Navidad pero que va por delante de nosotros y es el fin del mundo, y lo es, en el sentido que señalaba hace un momento, una venida inesperada, asombrosa en cada gracia e inspiración que nos renueva.
“Durante un instante apareció entre nosotros el Mesías, -continúa diciendo Teilhard- que sólo se dejó ver y tocar para perderse, nuevamente, más luminoso e inefable, en las profundidades del futuro. El Mesías vino. Pero ahora, debemos todavía esperarlo de nuevo, no sólo un pequeño grupo elegido (María y José) sino todos los hombres, con más ardor. El Señor Jesús solo llegará pronto si lo esperamos con tesón”. Es la intención del deseo lo que apresura la llegada. Si María no hubiera sido un corazón de fuego, el Hijo de Dios nunca se habría encarnado en Ella, porque Dios no puede forzar en modo alguno las puertas de la humanidad. Y es por eso por lo que, si la Iglesia no se orienta hacia un verdadero final de la historia, nunca lo habrá. Se prolongará cada vez más, y una vez más, el siglo XXI será peor que el siglo XX. “Serán una multitud de deseos lo que haga resplandecer la Parusía”, es decir, la aparición final de Cristo resucitado.
Y aquí está la última frase: “Nosotros, cristianos, encargados tras Israel de mantener siempre viva la llama del deseo en la tierra, solamente veinte siglos después de la Ascensión, ¿qué hemos hecho de esa espera? “Amén”.
Florin Callerand
Primer domingo de Adviento
1 de diciembre de 1996
Traducción del francés al español: Beatriz Simó y Pilar Sauquet
"Voici notre Sauveur qui vient", CD Tissage d'or 4 (Communauté de la Roche d'or)
Para ver la letra en francés de la canción "Voici notre Sauveur qui vient"
/image%2F4634555%2F20260504%2Fob_74474b_plan-de-travail-1.png)
